En su momento, la acusación contra el ex ministro de Turismo Luis Cardenal en el sentido de que se había aprovechado indebidamente de su cargo para lograr que la empresa en la que él tenía 10% de participación proveyera suministros de madera a un ente público despertó gran revuelo de opinión. El aludido funcionario renunció a su cargo para que la investigación pudiera llevarse a cabo sin sospechas de ninguna índole. Un examen especial de la Corte de Cuentas lo exoneró en 2005; y luego, en 2010 y en 2011, las instancias correspondientes de dicha institución cerraron el caso en forma definitiva, confirmando la exoneración y autorizando los finiquitos.

Es importante destacar este caso porque es una buena oportunidad para reconocer cómo deben ser manejadas situaciones de esa índole dentro de los marcos de la transparencia democrática. Cuando se produce un señalamiento que tiene implicaciones políticas y que es capaz de despertar el morbo tan común en un ambiente como el nuestro, hay que ir aprendiendo a ubicar las cosas en sus planos debidos. Una cosa son las reacciones inmediatas y otra muy distinta los resultados de una investigación institucional. Y por eso es tan decisivo que las instituciones funcionen, a fin de que la ciudadanía pueda confiar en sus mecanismos y en sus procedimientos.

Traemos este caso a cuento no sólo porque toda clarificación de conductas públicas abona al buen desempeño de la institucionalidad en su conjunto, sino porque al país y a su proceso les conviene que la sociedad como tal, y sus diversos sectores y entidades, vayan asumiendo la debida seriedad analítica respecto de todo lo que pasa en el curso del acaecer ciudadano e institucional. Dentro de la seriedad democrática que tenemos que ir construyendo y asegurando, todo debe estar a la vista, y, al mismo tiempo, todo debe ser evaluado más allá de las pasiones o de los intereses del momento. Esta es una regla de sanidad colectiva que no hay que olvidar.

En este caso, hay además implicaciones vinculadas con el momento actual. Luis Cardenal es el Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador, y forma parte muy relevante de la cúpula empresarial. Se vive, ahora mismo, un estado crítico en las relaciones entre el Presidente de la República y la cúpula empresarial, y en algún momento se le sacó públicamente al licenciado Cardenal aquel antiguo señalamiento ya superado por las resoluciones del ente encargado. Esos son los efectos de la irreflexión tendenciosa, que no tiene ningún justificativo en una práctica responsable del juego democrático de las diferencias.

Todos debemos disponernos a funcionar dentro de la convivencia pacífica, que no puede tal si no es respetuosa sin excepción. Y a estas alturas de nuestra experiencia a lo largo de la posguerra democratizadora ya nadie tiene ninguna excusa ni ningún pretexto disponibles para no actuar como la lógica democrática demanda. Afortunadamente, la misma dinámica de los hechos es aleccionadora en sí, y sólo los que son contumaces por naturaleza pueden querer seguir resistiéndose al imperio de aquella lógica, de la que dependen la paz y la estabilidad generales.

Hay que apostarle de manera decidida e inequívoca a la transparencia en todas sus formas y expresiones, como otra forma de servicio al bien común. Y esa transparencia exige cuestionar cuando haya que hacerlo y también rectificar cuando sea necesario.