Hay un instante en que el día y la noche se cruzan en una esquina cualquiera y se saludan de beso. Y ese instante lo celebra siempre una campana.
El ciudadano perfecto es el eterno añorante de su remota vocación de peregrino.
Hay nostalgias que son sótanos y nostalgias que son azoteas.
Hay un instante en que el día y la noche se cruzan en una esquina cualquiera y se saludan de beso. Y ese instante lo celebra siempre una campana.
El ciudadano perfecto es el eterno añorante de su remota vocación de peregrino.
Hay nostalgias que son sótanos y nostalgias que son azoteas.