Desde mi balcón puedo atisbar el universo. Y hacerlo a diario me convierte en testigo de mi propia inspiración.
Al Séptimo Día Dios se jubiló, y desde entonces se dedica a labores propias de índole estrictamente privada.
El soñador construyó un castillo en la arena, e invitó a la primera ola adolescente a que lo habitara con él.