Esta semana la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE) estará celebrando su 20.º aniversario. La jornada comprende, entre otras actividades, el lanzamiento público de un Centro de Asesoría Legal para Peticionarios de Información y Denunciantes de Corrupción (instancia de Transparencia Internacional reconocida mundialmente como ALAC), un foro donde reconocidos economistas alternarán con diputadas de la Comisión de Hacienda y Especial de Presupuesto para analizar la sostenibilidad de las finanzas públicas, y un encuentro ciudadano en torno al desarrollo territorial.

Estos veinte años de trabajo de la FUNDE en el campo macroeconómico, del desarrollo territorial, y más recientemente de la transparencia, así como de la prevención de la violencia, no ha sido para nada fácil.

Nada fácil resulta construir institucionalidad ciudadana en un país marcado por la fragilidad institucional. Las organizaciones ciudadanas, las ONG, las instancias de la sociedad civil, requieren de paciente elaboración de sus ladrillos institucionales. A diferencia de la Universidad, la Iglesia, el Ejército, la empresa, etcétera, donde el edificio institucional está prácticamente dado por la experiencia y la historia, aquellas suelen nacer de la buena voluntad, del espíritu de servicio, de la coyuntura motivadora, sin mayores reglas de funcionamiento, sin mayores capacidades administrativas y gerenciales, sin mayores recursos.

Muchas veces se emprende la aventura solamente con la mochila de ideas al hombro. Tarea complicada es sobrevivir en tal contexto, pues así como muchas nacen y mueren; ya no se diga lo arduo que resulta llegar a la “mayoría de edad institucional” en este adverso medio ciudadano.

Por otra parte, muy difícil es construir independencia institucional y personal en una sociedad polarizada y bicolor, donde buena parte de las organizaciones ciudadanas están copadas o seducidas por la política partidaria, el poder o el dinero. Donde la independencia política se considera falta de definición, y la moderación un defecto y no una virtud. En tal contexto, toma tiempo, energía y sacrificio desarrollar una cultura institucional impregnada por la objetividad, la independencia, la ponderación y el equilibrio. Desde sus orígenes, la FUNDE estuvo tentada y/o presionada a acompañar la política partidaria.

Afortunadamente, también desde sus orígenes se fue cristalizando la convicción de que la agenda científica y académica de la institución no podía someterse a la agenda político partidaria, así como la importancia de ejercer la crítica constructiva, no importando quien fuera, o de qué partido o ideología se tratara.

Sin duda ello le valió y le sigue valiendo a la FUNDE muchos resentimientos e incomprensiones. Mientras que para unos la distancia y la crítica a la izquierda partidaria por parte de la FUNDE es hacerle el juego a la derecha, o el ser vendidos al capital (aunque ahora hay que precisar pues ya hay capital de izquierda), para otros, la crítica a la derecha sigue levantando las sospechas del trasfondo rojo de la institución. No es nada fácil apreciar el mundo multicolor y complejo frente a las poderosas fuerzas vestidas de blanco y negro y simplicidad.

Finalmente, una de las cosas que durante todos estos años ha permitido sobreponerse a esas y otras dificultades es la fuerte convicción institucional de que a pesar de todos los males, crisis, guerras, conflictos políticos y sociales, el universo, el mundo, nuestra sociedad, avanza hacia adelante; sin dejar de ser conscientes de los riesgos permanentes de involución.

Es esa convicción la que lleva a pensar y sentir la realidad como un todo. Al respecto valga señalar que la FUNDE no solo trata de pensar la realidad como un todo, y por tanto el desarrollo como un proceso integral y multidimensional (tal como se formuló en sus primeras publicaciones en el año 2006), sino también de sentirla, y por tanto de tener sensibilidad frente a los problemas concretos del desarrollo.

No se puede servir bien a la causa del desarrollo si no hay capacidad de sentir personas sufriendo detrás de las estadísticas de la pobreza. En fin, han sido 20 años al servicio del desarrollo, construyendo institucionalidad, inculcando cultura de tolerancia y ponderación, forjando capacidad de conmoverse.