Figura sublime ella del jet set internacional y de la política nacional, nunca se despegó del Argentario, pequeña península al poniente de la bota, donde tenía una casa, sin ser el lugar altamente exclusivo. Por muchos años fue concejal y por 10, alcalde. Sostuvo luchas intensas en favor del sitio, chocando incluso con algunos de su casta, hasta que se dio por vencida. Volando sobre el querido terruño, dijo las palabras citadas, adelantando que no volvería a ocuparse de él.

El sábado, no volando, sino caminando, me vinieron deseos de decirlas sobre Berlín. Jamás he tenido ningún cargo público debido a él, pero siempre he estado apegado al mismo, en multitud de organismos cívicos, el postrero la Fundación Solidaria pro Niñez y Juventud, donde ayudamos a minusválidos, para la cual he lloriqueado a decenas de berlineses, sin arrancarles un centavo de ayuda financiera, como no sea Pablo Ánliker, que por años hizo un donativo mensual. Sin dejar de mencionar a Rafael Rodríguez, que en sus dos períodos como alcalde por el FMLN nos dio todo tipo de ayudas. Ni a don Carlos Cruz, afortunado comerciante, nuevo jefe edilicio por el PCN, quien nos anunció su buena voluntad viniendo a presidir, con Rafael Machuca, diputado de su partido por Usulután, la entrega de donativos que hicimos la semana antepasada.

Había prometido no volver transitar a pie desde lo que me hizo un cafre. Iba en la calle, pues el paso para transeúntes lo ocupan casuchas donde venden comida. Un pick up me sobrepasó, se arrimó a la cuneta y retrocedió. Para evitarlo, quise hacerme al centro de la vía, pero venía un bus. El pickapero me topó con la compuerta de la cama y por cuanto le grité y golpeé con los nudillos, no se detuvo; por fortuna, el autobús pasó y pude saltar a media calle. Tuve la intención de acercarme a la cabina e insultarlo. Pero me contuve: era solo uno de los energúmenos que ahora, en la pelotonera de automotores y mototaxis, corren por doquier.

El sábado caminé hasta donde el médico que tiene su consultorio junto a la parada de buses interurbanos. Se debe por una cuadra caminar en el pavimento, pues las monjas dueñas de un rico colegio, con un gran muro redujeron a una estría la acera. Al doblar la esquina, donde estuvo un majestuoso portal, cuya línea debía seguirse, han dejado una franja menos angosta, sin tomarse la molestia de construir acera, cubriendo el lugar monte, piedras, lodo y excrementos.

La calle está atiborrada de plástico y otra basura, como la mayoría del poblado. A mitad de la cuadra, un negocio de servicios telefónicos aturde con dos enormes parlantes. Pregunté al doctor por qué no los denuncia a la alcaldía por violar la ley de convivencia ciudadana, y solo se encogió de hombros, resignado a tan malcriados vecinos.

Don Lito hizo lo que pudo. Hoy toca a usted, don Carlos. Berlín rodeada de ciudades decorosas, encabezadas por Alegría que merece referencia aparte, no puede ser triste excepción. Obligue a reconstruir las casas desvencijadas; a edificar los montosos, repugnantes lotes vacíos. Haga como hizo el templo contiguo al muro de las monjas, que se respete la línea de construcción y se edifiquen o desocupen las aceras.