Como siempre ocurre, aunque no siempre se quiera reconocerlo, las malas noticias nunca tienen el monopolio de la realidad: también hay buenas noticias, que es justo y conveniente destacar, para que las energías positivas puedan trabajar por el balance. En nuestro país, desafortunadamente, el día a día se halla atiborrado de problemas muy complejos, a los que en términos generales no se les buscan las adecuadas vías de solución, y esto incrementa la frustración y fomenta la negatividad. Sin embargo, también pasan cosas que animan y aun esperanzan, y entre estas se halla la que comentamos en esta oportunidad.

Una de las experiencias de desarrollo más positivas de los tiempos recientes ha sido FOMILENIO I, cuya ejecución como proyecto interactivo entre el Gobierno de El Salvador y la Corporación del Reto del Milenio (MCC) acaba de concluir con beneplácito general. Dicho proyecto, que ha tenido como columna vertebral la Carretera Longitudinal del Norte, abre espacios de conectividad y de desarrollo sin precedentes para el Norte del país, tradicionalmente incomunicado y, por ende, prácticamente olvidado. Ahora se trata de que la obra de FOMILENIO I no se quede en lo que ha sido, sino que siga adelante, ya como responsabilidad nacional.

El reconocido éxito de la primera experiencia le ha dado sostén a la segunda, que será FOMILENIO II, dirigido al desarrollo de la zona costera del país. El Gobierno prepara la propuesta para dicho proyecto, y en esto lo básico es que se cuente con un eje definido en el terreno, como fue la Longitudinal en el Norte, porque el riesgo siempre es que se caiga en el menudeo de proyectos de visibilidad momentánea, sobre todo porque a partir de este 1 de octubre el Gobierno actual ha entrado en su último tercio de gestión. Esperamos que las sanas lecciones del FOMILENIO I sirvan de marco y de fuente para pasar a un segundo FOMILENIO que pueda correr la misma suerte.

Se trata de que estos proyectos, que reciben un muy significativo financiamiento por parte de Estados Unidos y un saludable acompañamiento de las estructuras correspondientes de dicho país, no sólo funcionen mientras la cooperación se produce, sino que desplieguen suficiente capacidad de permanencia, para producir verdaderos dinamismos de desarrollo, que se mantengan y expandan en el tiempo. Tenemos sobradas muestras de lo que ocurre cuando las buenas iniciativas se dejan estar, y por ello aquí hay un elemento que debe ser incorporado de inmediato: el seguimiento progresivo, que consolida y garantiza los resultados positivos.

FOMILENIO I se sustentó en un proyecto que ya estaba prácticamente configurado cuando se presentó a consideración de la MCC. La Comisión Nacional de Desarrollo había trabajado en dicho proyecto desde mucho antes de que la posibilidad de financiamiento de la MCC surgiera en el horizonte. Lo señalamos porque es de suma importancia que el nuevo FOMILENIO comience con un proyecto que no está pensado y estructurado para lo inmediato, cuando lo que se requiere es auténtica proyección de desarrollo, a fin de aprovechar no sólo la inversión sino las potencialidades de la misma.

Tenemos, como institucionalidad y como sociedad, que llegar al convencimiento de que el desarrollo no es una serie de saltos que se dan según las circunstancias del momento, sino una cadena de iniciativas que se retroalimentan con su propia efectividad.