Somos lo que soñamos, y a veces, pareciera que nos olvidamos de soñar el país en el que queremos vivir, el país del cual queremos sentirnos orgullosos. Nos hemos quedado en el vacío de la inspiración, sin líderes que nos inspiren, sin soñadores que se atrevan a sacar lo mejor de cada uno de nosotros, y ejecutar obras que engrandezcan nuestro querido El Salvador. Somos un pueblo que “nunca nos rendimos”.

La inspiración despierta nuevas oportunidades para que trascendamos en nuestras experiencias y limitaciones ordinarias. Los rusos y americanos soñaron con viajar al espacio, J.F. Kennedy inspiró a toda una nación “a ir a la Luna”; M. Thatcher lideró una Nueva Era de Prosperidad para Inglaterra bajo su inspirador lema “no es suficiente ser; uno tiene que hacer”; Gandhi inspiró a la humanidad predicando que “las acciones son más fuertes que las palabras” y acuñó su frase de “creer en algo y no vivirlo es deshonesto”, también predicó que el “cambio constante se logra por medio del aprendizaje continuo”, donde nos legó su poderoso mensaje: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”; Madre Teresa inspiró cuanta alma tocó, esperó veinte años para iniciar los Misioneros de Cristo en Calcuta, India, sabiendo que “hay que identificar claramente la Misión”; Dalai Lama nos inspira a enfocarnos en la felicidad, ya que nos dice que “tendemos a olvidar que, a pesar de nuestras diferencias superficiales entre nosotros, las personas somos iguales en nuestros deseos por Paz y Felicidad” (viniendo de una persona que lo perdió todo); después de ganar su séptimo Tour de Francia consecutivo, Lance Armstrong dijo: “Siempre ten a la vista tu meta”, e “inspira a otros mediante el ejemplo”; Ronald Reagan, el eterno optimista, inspiró a la nación americana, creyéndolo él primero, a creer que los Estados Unidos de América eran “...llenos de esperanza, de gran corazón, idealistas, retadores, decentes y justos”.

Para inspirar a los salvadoreños hay que definir una visión estratégica, compartir el aprendizaje interno, recolectar suficiente información, y retar el status quo, permitiendo la creatividad. Esto requiere de una unificación de los sectores políticos, religiosos, productivos y sociales, que practican en El Salvador, el arte de sacar adelante al país.

Para poder inspirar deben hacerlo espontáneamente, ser abiertos a nuevas experiencias, motivados desde su interior, sin pensar en recursos limitados, creer en sus habilidades, tener alto su auto-estima, ser optimistas y creativos. Lo importante es inspirar para alcanzar metas, incrementar el bienestar, relacionarse más con la satisfacción a futuro que del presente; a veces “pequeñas ganancias” establecen un ciclo productivo.

Al inspirarnos sentiremos el poder de hacer cosas por un propósito, energía y gozo; las personas se sentirán motivadas, orientadas a la acción, dirigidas a alcanzar retos de manera coordinada, perseverantes, y con un propósito específico para seguir adelante. Tenemos mucho que hacer a futuro y debemos dar espacio a la “inspiración”, que haga aflorar el liderazgo donde creamos en nuestras habilidades y, por nuestras acciones, logremos una diferencia positiva para El Salvador.