El legado de Tony Saca
Escrito por Joaquín Samayoa/ Columnista de LA PRENSA GRÁFICAMiércoles, 27 mayo 2009 00:00
A un presidente solo sus amigos y colaboradores más cercanos pueden llegar a conocerlo bien. El juicio que las demás personas podemos hacer es inevitablemente muy limitado. Conocemos sus obras, pero no sus motivos. Nos enteramos de sus decisiones, pero no sabemos cómo llegó a tomarlas. Nos presenta siempre su mejor rostro, pero nunca o rara vez nos deja ver sus tribulaciones. Lo vemos siempre acompañado de muchas personas, pero nada sabemos de sus soledades.
Para la mayoría de los ciudadanos, la presidencia es como una película en blanco y negro. Recordamos a un presidente y lo juzgamos bueno o malo atendiendo solo a unas pocas de sus muchas actuaciones. Juzgamos los resultados de su gestión como si sus acciones y omisiones fuesen los únicos determinantes de las realidades sociales, políticas y económicas. Según sea nuestra actitud fundamental de simpatía o rechazo, magnificamos sus aciertos o subrayamos sus errores. Y, con demasiada frecuencia, definimos acierto y error en función de la concordancia o discrepancia de las acciones del presidente con nuestras propias expectativas.
Al cabo de cinco años al frente del gobierno, Tony Saca sigue siendo para mí un personaje bastante enigmático. No recuerdo a un presidente que haya salido con un nivel tan alto de aceptación popular, hasta el punto que resulta difícil creer que sea esa misma persona quien también suscita un repudio tan apasionado en mucha gente de este mismo conglomerado social.
Lo más curioso es que esas valoraciones tan contradictorias se observen casi en las mismas proporciones en todos los sectores sociales. También es interesante notar que no son pocas las personas que experimentan una marcada ambivalencia respecto a este mandatario que, a pesar de las críticas que se le hacen, algunas de ellas con sobradas razones, deja la presidencia con la frente en alto y aprovecha hasta el último instante de su gestión para reivindicar unos logros de los cuales se siente sumamente orgulloso.
El reducido espacio de esta columna no da para hacer una evaluación de la gestión del presidente Saca, ni tendría yo todos los elementos de juicio necesarios para hacerlo con honestidad intelectual. Sin embargo, vale la pena destacar algunos aspectos de su complejo legado.
Hay temas sobre los cuales tengo un juicio reservado. La seguridad pública es uno de ellos. Están a la vista los datos de incremento en algunas modalidades delincuenciales, así como de disminución en otras categorías. Hay más homicidios y menos secuestros que hace cinco años. En conjunto, podría decirse que estamos peor. De lo que no estoy muy seguro es que esa constatación sea razón suficiente para juzgar como fracaso la gestión gubernamental. Tengo mis dudas de si otro gobierno u otros funcionarios habrían hecho o podrán hacer cosas significativamente más eficaces para combatir la criminalidad.
No solo hay que preguntar cómo estamos en comparación con el año 2004; sino también cómo estaríamos, de no haber hecho el Gobierno todo lo que hizo mediante sus programas de prevención y persecución del delito. Debemos preguntarnos también en qué medida la relativa ineficacia en la solución de esta compleja problemática tiene su mejor explicación en las políticas gubernamentales, en el marco jurídico, en la Fiscalía o en el sistema judicial.
No me cabe la menor duda de que muchas de las críticas que se le hacen a Tony Saca las mereció por su mala gestión como presidente de ARENA y por la melcocha que hizo con las dos presidencias que ostentaba. Algunos de sus errores de gobierno no los habría cometido si hubiera pensado más en el país y menos en el triunfo electoral de su partido o, peor todavía, en la preservación de poder en manos del pequeño grupo de sus colaboradores más cercanos.
Por el lado positivo, nadie puede negarle al presidente sus esfuerzos para mejorar la calidad de vida y paliar las dificultades económicas de amplios sectores de la población. Son muestras patentes de ese esfuerzo: el FOSALUD, la ampliación de cobertura del Seguro Social, la Red Solidaria, la gratuidad de la educación media, el impulso a la Defensoría del Consumidor y los subsidios a la energía eléctrica, el gas licuado y el transporte público.
Al gobierno de Tony Saca se le imputan errores notables de interpretación de algunas leyes, manipulación de algunas instituciones y ocultamiento de información sobre el uso de fondos públicos, pero debemos reconocerle al presidente saliente su respeto absoluto a la libertad de expresión y a todos los derechos civiles y políticos que sustentan el sistema democrático.
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