Con la camiseta puesta
Escrito por GN3Miércoles, 10 junio 2009 00:00
El sábado, la emoción llegó a extremos. Todo se hizo por El Salvador. “No importa si salgo de esta con una pierna o un brazo menos”, dijo uno de los jugadores. Al final solo fue un corte en la ceja y 14 puntos. Se ganó, se logró el objetivo, y el grito de “Viva El Salvador” fue uno solo, tan fuerte que llegó a escucharse fuera de nuestras fronteras. Y es que los pulmones casi reventaron y las gargantas, ahogadas durante 90 minutos, dieron paso a lágrimas viriles que saltaron humedeciendo aún más el ambiente refrescado por la lluvia que cayó como serpentina. ¡Ganamos, ganamos! ¡Sí se pudo!
El triunfo contra México nos dejó un buen sabor el fin de semana e iniciamos esta con una mentalidad ganadora, para el juego de hoy contra Honduras. Todo el país lo cree: con fuerza, unidad y un mínimo planteamiento, estamos para ganarlas todas.
¿Es este un ambiente exclusivo del ambiente futbolístico? ¿Por qué no llevar esta misma fuerza, unidad y planteamiento táctico a la política? El pasado sábado los salvadoreños demostramos que amamos nuestro país y que cuando nos ponemos la camiseta no hay quien nos pare. ¿Por qué entonces no nos vestimos todos de azul para impulsar los grandes objetivos nacionales? Imaginemos cuánto pudiéramos hacer en contra de la delincuencia, a favor del medio ambiente, pujando por el desarrollo nacional, si todos nos pusiéramos la misma camisa. ¿Será que el fútbol nos está dando la clave para resolver los grandes problemas que nos aquejan?
Posiblemente no es tan así, pero hay cosas que por simples no se ven y son las que constituyen los grandes pilares para resolver los más graves problemas. Sin duda, el error está en nuestra política y en nuestros políticos, que no son capaces de convencernos que vivir una vida mejor es posible.
Solo miremos la diferencia. Para los políticos llenar el Cuscatlán les cuesta varios cientos de miles de dólares. Hay que contratar buses para mover a la gente y darles alimentos o dinero para comer, lo que permite mantenerlos un par de horas sentados. Aun así, se van antes de que terminen los discursos. Para ver a “la Selecta” hay que sufrir, ahorrar, hacer largas colas y llegar muy temprano para conseguir la ubicación adecuada. Uno es por obligación, el otro por deseo, esta es la gran diferencia. ¿Será que a nuestra política le falta la emoción que nos lleve a desear luchar en contra de lo que hoy tanto nos está afectando como país?
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