Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

La situación está tan mala que dan ganas de llorar. Aprendamos a llorar. Las instrucciones que siguen son para quienes nunca han experimentado el placer o el dolor de llorar, de llorar “a moco tendido” como decimos en mi pueblo.

Requisito indispensable para poder llorar es tener corazón. Por favor, todos aquellos que no tengan corazón, sírvanse abandonar esta lectura. A los que se han quedado les digo, que mientras más grande sea su corazón, más fácil será aprender a llorar.

Lo primero que hay que decir es que se puede llorar por gran variedad de razones. Lloramos de tristeza, de pena, de alegría, de cólera, de la risa, pero todas las razones del llanto resultan en una sensación de desahogo y, frecuentemente, de tranquilidad y, a veces de satisfacción. No obstante, estas instrucciones te harán llorar de pena.

Si bien, algunos de ustedes tienen interés en la forma más apropiada de llorar, hay que superar el primer obstáculo: la necesidad de llorar. Lo primero que tienes que hacer es concentrarte en ti mismo y buscar en tu interior problemas que te depriman. Toma cualquier aspecto importante de tu vida y búscale cuál es su mayor problema. Pondera tu problema por un rato: piensa que nunca lo podrás resolver; que nunca mejorará.

También puede ocurrir que este no sea tu único problema, tienes muchos otros. Solamente después de terminar de analizar tu primer problema, puedes pasar a los siguientes. Asegúrate de haber hecho uso de todos los pensamientos e imágenes deprimentes sobre los problemas que te afligen, entre más material depresivo encuentres, mejor te irá en tu propósito.

A medida que hagas el experimento que te propongo, puedes llegar a dos conclusiones: la primera, tienes problemas en tu vida que nunca imaginaste que existían. La otra conclusión puede ser que siempre vas a tener estos problemas y que, al final de cuentas, no hay nada que puedas hacer para salir de esta situación.

Una vez hayas dominado el método descrito, puedes pasar al siguiente. Inicialmente, el proceso de razonamiento es muy metódico: toma un aspecto de tu vida, encuéntrale un problema, agota su potencial, pasa al siguiente problema y así sucesivamente. Sin embargo, como este procedimiento puede volverse monótono, debes buscar una nueva metodología. Primero, concéntrate en todos tus problemas a la vez. Todos ellos, hasta el último: la situación económica, familia, trabajo, la novia que se fue con tu mejor amigo, lo que sea. Esta prueba creará un pánico feroz, frenético, en tu mente, suficiente para hacerte llorar a mares. Sin embargo, si esto no funciona, continúa pensando en tus problemas, pero ahora, agrégale varios nuevos problemas, esta vez, imaginándote lo que te ocurriría al momento que se presenten. Considera el valor cualitativo y cuantitativo de tus nuevos problemas y, sin duda, los verás mucho más grandes que al comienzo, por tanto, el llanto fluirá con más facilidad.

A estas alturas debes concentrarte en una de dos cosas. Primero, debes suponer que será muy difícil, si no imposible, poder superar tus problemas. Confrontado con tantos problemas, es imposible tratar de resolver tan siquiera uno de ellos. Considera el hecho de que estás en un callejón sin salida. Luego, si esto no funciona, entonces piensa que la pila de problemas que tienes ya ni siquiera te puede hacer llorar. Este pensamiento te hará sentir que has perdido hasta el último vestigio de humanidad y, garantizado, terminarás llorando a mares.

Más sobre lo mismo, hoy en mi blog, http://blog.netorivas.net