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Kindle: la imposible biblioteca de Borges

Escrito por Miguel Huezo Mixco / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
Jueves, 25 junio 2009 00:00
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La fantasía de Borges parece que está por cumplirse. Hace poco ha salido la nueva generación del Kindle, el dispositivo portátil que permite almacenar y leer libros digitales, lanzado en 2007 por la tienda virtual Amazon.

 

El sueño de sus creadores (mejor dicho, su lema promocional): tener a disposición de los usuarios (clientes) todos los libros publicados, nos recuerda inevitablemente a la biblioteca de Borges. Un sueño, por cierto, al que hoy por hoy pueden acceder los usuarios de una sola compañía de teléfonos celulares, y únicamente dentro de Estados Unidos.

 

El Kindle tiene la forma de un rectángulo, como un cuaderno de notas; es tan delgado como una revista, pesa menos de una libra y puede contener entre 1,500 y 3,500 libros en formato electrónico. Una biblioteca tradicional con una cantidad semejante de volúmenes en papel requiere muchísimos metros cuadrados de pared.

 

Hasta donde pudimos ver, los usuarios solo pueden descargar en español Don Quijote, de Cervantes, y Cien años de soledad, de García Márquez. Aunque los buscamos, no están los superventas Mario Vargas Llosa e Isabel Allende; ni María Zambrano, ni Lezama Lima... ni siquiera Borges mismo.

 

Algunos de mis favoritos, como Philip Roth, Robert Louis Stevenson, W.H. Auden, Virginia Woolf o el italiano Ítalo Calvino cuentan con varios de sus libros disponibles para ser descargados en solo 60 segundos.

 

El catálogo no incluye por hoy a la poeta Anne Sexton, ni a Joseph Brodsky y Derek Walcott (premios Nobel de Literatura 1987 y 1992, respectivamente). Sí están, en cambio (en inglés) Persona non grata, de Jorge Edwards; Poeta en Nueva York, de García Lorca; una antología (bilingüe) de Pablo Neruda; y Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

 

El Kindle se vende a 359 dólares, y el costo promedio de cada libro es de 99 centavos de dólar. Actualmente se encuentran disponibles unos 300 mil títulos, aparte de periódicos, revistas y blogs, la inmensa mayoría en idioma inglés.

 

Esa biblioteca, a fuerza de parecer infinita, termina revelándose como una encarnación sistemática de un orden paradójico. Como escribió Borges: “Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden”.

 

En este mundo, donde todo parece ocurrir de manera tan veloz, pasará un buen tiempo para que esa prodigiosa biblioteca, la de Amazon –que ya es una realidad virtual– incluya el canon literario latinoamericano; y tardará todavía más en ofrecer un puñado de títulos de autores y autoras de El Salvador.

 

Para denunciar el desorden que reina en este orden reinante, agregaré que el sueño de una súper biblioteca instalada, digamos, en Soyapango, o en Arcatao, conectada a centenares de pequeñas terminales Kindle donde un número incalculable de solitarios, estudiantes y jubilados se internan en el perdurable mundo de la letra, es todavía un sueño mucho más lejano.

 

(Lea más en: http://talpajocote.blogspot.com/)

 

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