La teoría de las ventanas rotas
Escrito por José Tomás Calderón GonzálezViernes, 03 julio 2009 00:00
Abogado
La imagen de la Centroamérica de hoy se asemeja más a la de los años setenta y ochenta, y no porque suene Michael Jackson en la radio, se lean noticias de Farrah Fawcett y la selecta salvadoreña ande jugando buen fútbol, sino porque existe un quebrantamiento institucional generalizado, hay intervencionismos en nuestra región de otras naciones (Chávez & cía.), se cierran relaciones comerciales con otros pueblos y hay marchas y violencia en las calles, y si enfocamos todos estos males en la República de Honduras, la chispa que provocó el incendio son las acciones de un aspirante a “caudillo” llamado José Manuel Zelaya Rosales, y el también ilegal manejo de las distintas autoridades hondureñas para castigar a este infractor.
La “Teoría de las Ventanas Rotas” de George Kelling, se llama de esta forma, ya que ha sostenido que una buena estrategia para prevenir el vandalismo es arreglar los problemas cuando aún son pequeños, mediante el siguiente ejemplo: “Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Eventualmente, quizás hasta irrumpan en el edificio, y si está abandonado, es posible que sea ocupado por ellos o que prendan fuegos adentro”. Bajo este supuesto, es vital reparar las ventanas rotas de inmediato, y no dejarlas meses quebradas, hará que la tendencia es que será menos probable que los vándalos rompan más ventanas o hagan más daños al edificio.
Lo que los partidos políticos hondureños, Corte Suprema de Justicia, Congreso y militares pretendían hacer con sus acciones era reparar las muchas ventanas rotas en Honduras por Zelaya, pero la forma en que se hizo es totalmente condenable, ya que la mora no purga a la mora, y el fin no debe justificar los medios, y por reparar los vidrios rotos de la institucionalidad hondureña terminaron dándole fuego al edificio. Diferente sería por ejemplo si las leyes hondureñas lo permiten, que ese domingo se incautaran por orden judicial de las urnas de la consulta, el Congreso desaforara a Zelaya, se le hiciera un juicio público con arreglo a las leyes, y de ser culpable se le condenara a prisión.
Nadie puede estar encima de la Constitución, ni Zelaya ni las mismas instituciones hondureñas.
En ese sentido, creemos que la comunidad internacional no debe solo exigir el retorno del aspirante a caudillo Zelaya por haber sido expulsado de su país sin arreglo a las leyes, sino, reconocer y respetar que una vez puesto en su cargo, se le lleve a los tribunales correspondientes por la violación al principio de legalidad y el desconocimiento al sistema de división de poderes, bastiones de la democracia.
Para nosotros los salvadoreños, la lección está clara: debemos exigir que cada vez que una ventana sea rota se repare de inmediato, independientemente de quién la dañó, para no tener que llegar a situaciones como las sucedidas en Honduras, Nicaragua o Venezuela. Solo así mantendremos el edificio sin grietas ni roturas, limpio y bien pintado, para poder ser el ejemplo de Centroamérica, y tener el edificio con las bases más fuertes, arquitectura vanguardista y altura vislumbrante.
Pero esto solo se logrará con una Policía Nacional Civil y Fuerza Armada institucionalizadas, una Fiscalía General de la República y Corte Suprema de Justicia no politizada, una oposición sensata, moderada y vigilante, un pueblo que entienda que las libertades de las mayorías no pueden ir en detrimento de las libertades individuales y un Gobierno que no le ceda a facciones fanáticas el posicionamiento territorial en ministerios y dependencias gubernamentales, y que lidere una revisión a los Acuerdos de Paz firmados en 1992, tendientes al fortalecimiento de las instituciones, para la vigilancia de nuestra Carta Magna, en beneficio de la consolidación democrática de nuestro pujante El Salvador.
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