Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Cinco años después de que estallara el escándalo y tras diez meses de juicio por corrupción, un tribunal de Costa Rica ha condenado a prisión, por dos delitos de peculado, por primera vez en la historia del país, a un ex presidente: Rafael Ángel Calderón Fournier.

Antes, el ex presidente Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002) fue acusado de haber recibido comisión de la compañía francesa Alcatel por aprobar una licitación de $149 millones. Rodríguez tuvo que renunciar a la secretaría general de la OEA cuando se supo el escándalo. Ahora está en espera de su juicio.

La democracia y la justicia funcionan en Costa Rica.

Costa Rica es un país sin ejército, desde que don Pepe Figueres lo disolvió en 1948 después de la guerra civil. Desde entonces el énfasis de su plan de nación ha sido la educación y la salud del pueblo. El 19.4 por ciento del PIB es invertido en el área social, educación, salud, asistencia social y vivienda.

En Guatemala, Honduras y Nicaragua, ha habido casos en que ex presidentes han sido llevados a los tribunales, también por peculado, pero solo en Nicaragua el ex presidente Arnoldo Alemán ha sido condenado y eso que es una broma de mal gusto, pues el ex presidente siguió mandando desde prisión, en una alianza hecha en el infierno con su otrora enemigo, Daniel Ortega.

En Guatemala los ex presidentes Alfonso Portillo y Jorge Serrano, ambos acusados de corrupción, deben ser juzgados y condenados por sus delitos cometidos durante sus respectivas presidencias y estar en prisión en vez de permanecer exiliados en México el primero y Panamá el segundo. Portillo ya fue extraditado, pero no ha sido sometido a ningún juicio y goza de la protección de autoridades chapinas.

En Honduras el ex presidente Rafael L. Callejas fue llevado a los tribunales por corrupción, pero fue exonerado y le dieron 7 cartas de libertad (finiquitos) una por cada juicio a los que fue sometido.

Pero volviendo al tema central de esta columna: la democracia y la justicia en Costa Rica, hay que reconocer que ello es motivo de orgullo en un país que tiene más profesores que policías.

Democracia en Costa Rica significa que no hay analfabetismo, que hasta el poblado más pequeño tiene derecho a la electricidad, agua potable y teléfonos públicos.

El corazón de la democracia en Costa Rica se observa mejor en los procesos electorales que son, francamente, un fenómeno sociológico para cualquier observador extranjero. La campaña para elegir al presidente es un constante festejo nacional y aun en áreas remotas los niños y adultos participan de la fiesta orgullosos de la bandera de su partido que ondea en las orillas de las carreteras o en sus automóviles que circulan en alegre bullicio.

La democracia en El Salvador ha avanzado; de eso no hay duda. Pero estamos muy distantes de poder compararnos con Costa Rica. Nuestro principal problema político es el enorme abismo que existe entre los partidos mayoritarios y lo poco o nada que sus dirigentes hacen para disminuir la distancia que los separa.

El gobierno actual heredó de los gobiernos de las últimas dos décadas un Estado en caos administrativo –Estado fallido, dirían algunos– que ahora tiene que resolver. Para eso necesita destacar, como dice el jurista peruano Yuri Iván Zúñiga Castro, que la corrupción es un fenómeno ético ligado al poder y que, por tanto, el primer paso para una lucha real contra la corrupción está en la decisión política tanto en el ámbito local como internacional para enfrentar este mal y, sobre todo, para promover una nueva ética.

Lea más sobre el tema, hoy en mi Blog, http://blog.netorivas.net