Ética en política y democracia
Escrito por Kalena de Velado / Columnista de LA PRENSA GRÁFICADomingo, 08 noviembre 2009 00:00
Aunque se opine que la nueva Junta Directiva de la Asamblea fue concertada y fruto del juego democrático, a todas luces se puede analizar que se ha burlado la voluntad del pueblo, el cual claramente quiso con su voto un cambio con el presidente Funes en el gobierno y el equilibrio de una mayoría conservadora y de derecha en el parlamento.
La ilegitimidad de esta nueva conformación en la Asamblea no se basa en lo legal sino en su falta de ética, pues la voluntad de los votantes ha sido destronada. La filosofía es útil para estudiar la noción de autoridad “entendida como superioridad reconocida por otras personas a las que impone, aconseja, determina u obliga a una obediencia, a un respeto, a la aceptación de unos enunciados, órdenes, criterios u opiniones.
La autoridad no solo no es identificable o confundible con el poder, sino que autoridad y poder son dos nociones complementarias y en cierta forma opuestas. Desde una perspectiva filosófica, el poder reside en la fuerza, que puede tener un origen racional, razonable o irracional (corrupto o violento), mientras que la autoridad se funda siempre en el reconocimiento voluntario, querido, consentido racionalmente, implícito o expreso”. Adolfo Muñoz Alonso
La economía y la política tienen necesidad de la ética amigable a la persona humana para su correcto funcionamiento. Propongo la “ética de las virtudes o racionalista”, que se basa en un elevado concepto del hombre y la mujer. Se inició con la filosofía clásica y se complementó con los valores cristianos, judíos y grecorromanos. Han sido la raíz de la actual democracia en la Unión Europea y en Estados Unidos. Entre más se practique la ética, mayores esfuerzos innovadores se consiguen para evitar la corrupción e ilegalidad tanto en el comportamiento de sujetos económicos y políticos de los países ricos como de los países pobres.
La “ética de las virtudes” ilumina a la política en que la cooperación para el desarrollo favorezca el encuentro cultural humano y no se limite a la ayuda económica, apoyando sin asistencialismos que humillen al necesitado. La ética ayuda a ver en el capital humano el elemento más valioso, que necesita la educación para progresar, pero para dar este tipo de ayuda se debe saber a quién se educa, cómo se educa y en qué se educa.
La ética incluye la aceptación del sentido común o una ley natural que nos permita distinguir entre leyes justas e injustas, o lo que nos permita pensar que una determinada ley, talvez justa en sí misma, debe aplicarse en un caso determinado, pues la equidad de nuestros juicios depende de que sepamos reconocer el espíritu con el que fue escrita una ley, y por tanto sepamos advertir en qué medida es pertinente o no aplicarla en un caso concreto. Si no tuviéramos un sentido natural de justicia y equidad, no podríamos hacerlo. En la nueva Junta Directiva de la Asamblea Legislativa no se cumplió con la voluntad implícita del voto ciudadano en las elecciones.
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