Educación
Escrito por Carlos G. Romero / Ingeniero industrialViernes, 20 noviembre 2009 00:00
El sistema de educación pública de Estados Unidos es duramente criticado por muchos: muy pocas materias, no se memorizan fechas y eventos importantes, hay falta de rígidas disciplinas, muy pocas tareas; sin embargo, los resultados no concuerdan con las críticas, los egresados de este sistema destacan e influyen de manera prevalente, a escala mundial, en música, cine, deportes, tecnología, medicina, jurisprudencia, entre muchas otras disciplinas. Estados Unidos es el país con el mayor número de patentes, de premios Nobel; sus deportistas acumulan medalleros impresionantes en toda competencia. Tres muchachos estadounidenses –Steven Jobs y Steve Wozniack de Apple Computer y Bill Gates de Microsoft–, trabajando desde sus garajes, son responsables de la revolución tecnológica más importante en la historia del ser humano, me atrevería a decir desde la invención de la rueda o el numeral cero.
Piense el lector cuántos trabajos se han creado a raíz de las locuras de estos tres muchachos... millones de millones.
Al visitar cualquier ciudad estadounidense se observa que la gente es cortés, se respetan los reglamentos de tránsito, se respira cierta civilidad en el aire.
Creo que es razonable concluir que los resultados de dicho sistema educativo no son nada despreciables.
El sistema educativo estadounidense se caracteriza por un número menor de materias en comparación con otros países. Es apoyado por innumerables clubes, asociaciones, actividades extracurriculares, etcétera, que no solo promueven el uso de la imaginación, sino que permiten al estudiante explorar áreas de interés propio, profundizar en estas desde una temprana edad. El factor más importante es la figura del profesor, la cual se mantiene hoy como ayer, tradicional, bien preparado, graduado universitario, generalmente con una maestría, bien remunerado, involucrado, y muy apreciado por su labor, sujeto en su rendimiento a las evaluaciones de las asociaciones de profesores y padres de familia. El profesor enseña, educa, los padres participan.
En nuestras escuelas existe hoy en día un énfasis equivocado en los textos y la tecnología, relegando a un segundo plano al maestro tradicional, afectando cualitativamente la educación de nuestros hijos: laptops y superlibros no transfieren principios y valores. En mi opinión las computadoras hacen dundos a nuestros jóvenes (¡extraña opinión de alguien con una maestría en informática!, ¿no le parece?). Nuestros currículos se concentran en entrenar el cerebro, no en usar la imaginación; da lástima ver estudiantes de primaria a la 1 de la mañana haciendo tareas. ¿Cree usted que esto es un regalo o una amarga obligación?
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