El bloqueo de vías públicas sigue a la orden del día
Escrito por EditorialLunes, 23 noviembre 2009 00:00
Uno de los recursos más utilizados por la gente que tiene algún motivo para protestar es el cierre arbitrario de calles o carreteras, de seguro para llamar la atención sobre sus posturas, pero haciendo caso omiso del hecho de que estas acciones afectan directamente a los que menos tienen que ver: los ciudadanos, a los que les asiste el derecho a desplazarse libremente hacia sus trabajos, hacia sus ocupaciones varias o hacia sus hogares. Esta es una práctica negativa que ya hasta va pareciendo natural, y que igual se usa para señalar problemas en el área de transporte, para enfatizar demandas laborales o de otra índole, para rechazar proyectos como las nuevas presas hidroeléctricas, y otras situaciones por el estilo.
La autoridad, bien por evitar males mayores o por carecer de estrategias adecuadas de control, se queda al margen de estas prácticas atentatorias contra el libre desenvolvimiento de la vida diaria de la ciudadanía. Y este es otro ejemplo de cómo en nuestro país los derechos ciudadanos carecen de la debida protección, en detrimento del régimen de libertades que requiere cauces adecuados y seguridades básicas efectivas.
Más disciplina democrática
La democracia es, siempre, un ejercicio de disciplina, por parte de todos los sectores y actores que interactúan en una realidad nacional y comunitaria determinadas. La regla de oro es que nadie puede hacer valer sus derechos con atropello de los derechos ajenos, porque el régimen de libertades se sostiene sobre el tejido que forman los derechos de todos. En una sociedad como la nuestra, en la que ha habido por desventurada tradición tanta desigualdad injusta en el ejercicio de los derechos y en el cumplimiento de los deberes, es indispensable impulsar una corrección educativa general, que vaya poniendo todas las cosas en su auténtico lugar y dimensión.
Necesitamos, pues, instaurar la disciplina como norma de vida, y hacerlo de arriba hacia abajo, conforme a la sana lógica del buen ejemplo. Por eso insistimos tanto en la honradez y en la corrección de las autoridades y de los funcionarios de todos los niveles, porque ellos son el espejo en el que se ve la ciudadanía. Cuando no hay buen ejemplo, no sólo las cosas van mal, sino que todas las energías sociales tienden a desnaturalizarse.
Si la conexión y la comunicación institucionalidad-ciudadanía funcionan de veras y suficientemente, no hay por qué tomar ninguna medida atentatoria contra los derechos de nadie ni contra la paz y seguridad del ambiente. Cuando esto último se da es porque algo básico falla. Todas las reacciones, planteamientos, aspiraciones y opiniones deben canalizarse conforme a la ley; pero para que eso pase los canales deben ser efectivos y confiables.
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