Una de las más utilizada es: “Salud Mental: es la capacidad de convivir adecuadamente consigo mismo y con los demás, disfrutando los aspectos agradables de la vida, enfrentándose a las dificultades y saliendo fortalecido de ellas”. Esto implica que está determinada por múltiples factores que se interrelacionan entre sí, ya sean sociales, psicológicos o biológicos, por lo que nadie está exento de padecer un deterioro o pérdida de su salud mental.

La Organización Mundial de la Salud define a la salud como: “Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de afecciones o enfermedades”, ello indica que debemos tener siempre presente que no hay salud sin salud mental.

¿Cómo se encuentra la salud mental en El Salvador? Si tenemos en cuenta que es un país abatido por la violencia que principia en el hogar donde se sufre una constante violencia intrafamiliar; además de elevadas tasas de desempleo, bajos ingresos, educación limitada, condiciones de trabajos estresantes, exclusión social, discriminación de género y estilos de vida poco sanos, no dejando de lado la vulnerabilidad ante los desastres naturales.

La situación es preocupante, lo que no debe ser problema solamente de las personas que laboran en salud mental, sino que debe verse como un problema de salud nacional.

Con beneplácito se ha recibido la noticia de que el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social ha establecido un Departamento de Salud Mental, que dicho sea de paso no existía desde hace más o menos tres décadas, a través del cual seguramente se dará un mayor empuje al manejo de este problema de nación. Tampoco podemos dejar de mencionar el esfuerzo que desde hace más de diez años viene realizando el Instituto Salvadoreño del Seguro Social principalmente a través de los equipos multidisciplinarios de Salud Mental, como también las universidades, las ONG, y las diferentes personas que trabajan en el ámbito privado.

La responsabilidad de velar por la salud mental debe ser enfrentada por todos ya sea en el ámbito individual, familiar, escolar, comunitario, laboral y estatal.

Los trabajadores de la salud mental en el país no llegamos ni a mil, pero enfocamos nuestra labor en mitigar un poco esa avalancha de problemas en que deriva la carencia de salud mental: estrés, ansiedad, depresión, abusos de diversas sustancias, suicidios, por mencionar algunos.

De esta manera muchos de nuestros esfuerzos están encaminados a dar tratamiento a estos problemas, y otra buena parte a la prevención de los mismos.

Es importante recalcar tal como lo referimos antes, que cuando hablamos de salud mental no debe pensarse exclusivamente en desórdenes mentales ya establecidos. Esa es solo la punta del iceberg; el área de la prevención es la más descuidada, por lo que debemos rescatar la promoción de ambientes socio-culturales que se basen en factores que promuevan una adecuada salud mental, por ejemplo: la autoestima, valores, relaciones interpersonales adecuadas, comunicación efectiva, estilos de vida saludables y prácticas de espiritualidad.

Este es un esfuerzo titánico en el que todos y todas debemos contribuir, fortaleciendo la promoción y protección de la salud mental, ya que solo así podremos tener individuos satisfechos consigo mismos, lo que vendrá a favorecer la convivencia, la solidaridad y aumentaría la productividad y calidad de vida de todas y todos los que vivimos en El Salvador.