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Carta de un amigo dilecto

Escrito por Francisco Andrés Escobar / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
Sábado, 02 enero 2010 00:00
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Mi mujer, la Teba, se puso contenta cuando le leí lo que usted sacó en su columna la semana pasada. Nosotros también le agradecemos que se ocupe de nuestros asuntos, que ponga en papel las pasaditas que le vamos contando. No crea, don Chico, no siempre los pobres tenemos chance de decir en los diarios lo que vivimos, pensamos y sentimos. En los diarios escribe gente de cuenta, gente importante que nos toma a nosotros como tema; pero es muy raro que la gente de barrio suba a las páginas de opinión a decir lo suyo. Así que eso de que usted nos ponga a nosotros, y a todos los de nuestro mundo, a decir lo que pensamos, es algo de agradecer. “Yo me siento soñada, cada vez que don Chico habla de mí”, dice la Teba cuando le leo sus croniquillas.

Por supuesto que no nos extrañaría que más de alguien se alarmara por las sandeces que se dicen entre la pobrería. Pero bueno, así somos. Para nosotros no existe doble moral ni doble lenguaje. Como no tenemos imagen que defender, somos lo que somos de puertas adentro y afuera. Además, don Chico, acuérdese de que los salvadoreños somos léperos. Con algunas excepciones –como la Teba, que lo más grave que llega a decir es tonto–, en el país, hombres y mujeres de todo color y tamaño somos malhablados. Si no, oigamos a los estudiantes, a las vendedoras de los mercados, a las señoras de las cofradías religiosas, a los diputados, a los lustrabotas. Miguel Tadeo conoce a un funcionario de alto nivel, como dicen, ¡que tiene una trompa! En su trabajo, medio dora la píldora, pero en su casa y entre sus amigos se suelta ¡y dice unas zanganadas! ¡¡Hasta curas léperos conozco yo!! Así que no nos hagamos las cruces. Amén de que todas las palabrotas, como dice Miguel Tadeo, están en el diccionario: no como buenas o malas palabras, sino como términos que la gente usa en su vivir. Y es el pueblo el que va haciendo el idioma.

Para la próxima vez que venga le vamos a contar un montón de pasaditas de estos días de final de año. ¡Viera bonches! El alcalde se puso una cirindanga el Venticuatro y se fue a meter bien bolo a la Misa del Gallo. ¡Viera la que se armó cuando quiso arrebatarle el vino al cura! ‘Es la sangre de Cristo’, le decía el cura. ‘Pero tiene efecto de chaparro, papaíto’, respondía el otro, y hacía por guiñarle la botellita en que se pone el vino en el altar. Mientras tanto, el relajo de los parroquianos era enorme. Unos se carcajeaban, otros estaban ofendidos, la mujer del alcalde no le hallaba puesto a la cara, en fin...

Pero bueno, don Chico, ya lo voy dejando. Gracias de nuevo por todo. Lo esperamos en estos diítas. Aquí le vamos a tener el atol shuco que tanto le gusta. La Teba le manda saludos, y hasta el gato anda agradecido porque usted lo toma en cuenta en sus escritos. Su amigo:

Sofonías Pereira

 

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