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Clase política y gobernabilidad (I)

Escrito por Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
Lunes, 08 febrero 2010 00:00
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A lo mejor es una mezcla de todo. Pero una cosa esa es cierta. Los más altos dirigentes del FMLN desafiaron sin remilgos a la derecha del país. “No queda partido político que se nos enfrente”, dijo uno de ellos. Esto lo hicieron en coincidencia con una fecha histórica; el 78.º aniversario del fusilamiento de Agustín Farabundo Martí. Es más, diríamos que ese desafío se da en un momento en que el gobernante está en medio de un fuego cruzado, donde tanto la izquierda como la derecha –algunos dicen que ya no tiene sentido este tipo de calificativos– hacen de las suyas; incluso a través alianzas impensables hace algún tiempo, aunque supuestamente tienen a la base una preocupación “legítima” por los más pobres.

 

Lo dicho no es un tema trivial. Atañe a la gobernabilidad democrática en un país que está frente a complejos y variados problemas, que solo la unidad nacional puede contribuir a solucionar. Pero cómo haría el gobernante para lograr esto, a sabiendas de que las cuotas de poder son parte de la real politik. Lo complicado en todo caso es que “su” partido se ha unido al coro de detractores, más allá de su mensaje de que su obligación como presidente es servir a todos los salvadoreños, y de su amistad con los Estados Unidos. Quizá por esto, otro dirigente lo considera un “estadista novato”.

 

Muy poco tiempo ha pasado como para que las fisuras entre el presidente y el FMLN salgan a la superficie. Y en un momento en que la oposición está toda fragmentada, lo que hace más difícil construir acuerdos básicos alrededor de los grandes temas nacionales.

 

Las escuchas telefónicas y la bendita cuota básica a la telefonía fija son dos ejemplos. Estas no son simples escaramuzas. Ambos casos tienen un trasfondo muy importante: el control de la seguridad y el rechazo a la libertad económica.

 

En torno al tema de las escuchas telefónicas, se trata ni más ni menos que de acudir a un recurso de especial relevancia para combatir la delincuencia común y el crimen organizado. Dicho sea de paso, debo hacer un acto de contrición porque hace más de diez años expresé mis reservas en este mismo espacio, ante el temor de que este recurso fuera a ser mal utilizado por los aplicadores de la justicia. No es que haya cambiado de opinión sobre ese riesgo, pero ahora pienso que es una exigencia, siempre y cuando no se haga del tema un asunto político-partidario.

 

En este sentido, los señores del FMLN deberían de entender que su postura en torno a la ubicación institucional del sistema insinúa, si no una complicidad, sí un intento de tener control sobre algo estratégico. Lo del cargo a la telefonía fija parece que va por buen camino, pero su genuina preocupación por los pobres ha quedado en entredicho.

 

También anda por allí circulando la idea de modificar la Constitución –en aquellos artículos “pétreos”–, la presión para adherir a la ALBA y la de coartar la libertad de expresión. Se tiene que ser muy ingenuo para no pensar que detrás de todo esto están las órdenes de Chávez. Esto le crea al presidente Funes un escenario donde el propio partido que lo llevó al poder le está restando energía para medio enderezar todas las cosas torcidas que dejó ARENA.

 

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