“Es necesario que se comience a formar todo un proceso de unidad en el pensamiento liberal democrático de El Salvador porque, desde hace muchos años, está bajo fuego de los antisistemas y el sistema que quieren destruir es el sistema de libertades, el sistema democrático... la democracia representativa”, dijo Cabrera Candray, recalando en un punto que ha sido recurrente: la definición en función de enfrentar a una amenaza externa.

Ya los estatutos de ARENA recogen en sus principios el liberalismo y el republicanismo, pero tradicionalmente este partido se ha definido por estar en contra del comunismo. Constituido en plena Guerra Fría, luego del surgimiento de grupos guerrilleros y como un intento de “contención” del avance de ideas socialistas (de hecho, las cinco organizaciones que formaron el FMLN como estructura militar se unieron un año antes que la formalización de ARENA como partido político).

Desde 1981, el estribillo de que “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán” acabó por definir al partido que en 1989 llegó a la Presidencia y gobernó durante 20 años.

Durante dos décadas en el poder, ARENA hizo poco por trabajar en la formación ideológica de sus bases. Existe el Instituto de Formación Política Mayor Roberto d'Aubuisson, pero no tiene una incidencia directa y masiva. Tanto es así que el último movimiento de la dirigencia para unificar el partido es traer a primera línea a cuadros históricos, representantes de varias corrientes que se formaron en el partido durante varios años, para formar el Consejo Asesor y la Comisión Política, dos grupos de apoyo al Consejo Ejecutivo Nacional (COENA). También se nota, sobre todo en la formación de la Comisión Política, un intento por amalgamar a sectores que fueron tentados a abandonar el partido.

La derrota en las urnas ha obligado a ARENA a una recomposición, tanto de estructuras como de pensamiento. La debilidad de un pensamiento estructurado, e incluso de una ideología que no fuera sustentada con gritos anticomunistas, permitió la formación de un grupo dedicado a detentar el poder. Eso posibilitó primero la ruptura de la bancada parlamentaria y luego las sucesivas renuncias. Todo ese grupo, que se formó alrededor del ex presidente Antonio Saca (expulsado de ARENA y que permanece lejos de la escena pública), trabaja ahora en la formación de un nuevo partido político, la Gran Alianza de Unidad Nacional (GANA).

El Salvador funciona sobre la base de la democracia liberal, de modo que para que realmente funcione debe existir un verdadero sistema de pesos y contrapesos. La debilidad de ARENA no le hace bien ni a ese instituto político ni a la sociedad, porque en la medida que no pueda enfrentar –con argumentos, no con exabruptos– al bloque dominante se verá rebasada. Si el FMLN no tiene un verdadero contrapeso en la Asamblea Legislativa podrá verse tentado a realizar lo que en otras legislaturas hizo la misma ARENA: aprobar decretos solo con la complicidad de los aliados parlamentarios, sin hacer un verdadero debate político sobre la conveniencia o no de determinadas políticas.