No a la pinta y pega
El esfuerzo que muchos alcaldes han venido haciendo por mejorar el ornato y aseo de sus municipios está siendo echado a perder por unos cuantos partidos políticos que se hacen mala propaganda ensuciando nuestras ciudades con la desdeñable práctica de la pinta y pega.
Escrito por Elena María de AlfaroMiércoles, 01 febrero 2012 00:00
“Solo los muy ingenuos le creerían a un candidato que, por un lado, mancha paredes y pega afiches a diestra y siniestra, y por el otro, promete que trabajará porque la ciudadanía tenga una ciudad más limpia y ordenada.”
Manchar y tapizar postes y paredes daña tanto la imagen de las ciudades, como la de los políticos que tienen esa arcaica costumbre. Solo los muy ingenuos le creerían a un candidato que, por un lado, mancha paredes y pega afiches a diestra y siniestra, y por el otro, promete que trabajará porque la ciudadanía tenga una ciudad más limpia y ordenada. Al hacerlo, reflejará además, un irrespeto a la propiedad privada, pues ¿quién le ha dicho que los postes y los muros son públicos y que los pueden manchar cuando se les antoje?
Los partidos políticos y sus candidatos deben reflexionar sobre la imagen negativa que queda grabada en la mente de los electores cuando ven a miembros de los partidos políticos agrediéndose por pegar propaganda en un poste. La gente no diferencia entre agresores y agredidos, solo ve a un grupo de bochincheros en quienes resulta muy difícil confiar los destinos del país o de la ciudad. ¡Ya basta de pelearse por exigir derecho de uso de un poste que es propiedad ajena!
Independientemente de que el Código Electoral o que las ordenanzas municipales permitan que calles, monumentos y sitios públicos sean tapizados con propaganda partidaria, el mantener limpios los espacios públicos es asunto de educación ciudadana y de conciencia cívica, no tanto de legalidad. La ley puede permitir una acción semejante, pero la conciencia ciudadana obliga a abstenerse de hacerla.
La pinta y pega refleja falta de creatividad de los que dirigen las campañas proselitistas. Existen otras formas como un político puede darse a conocer: pancartas, calcomanías, perifoneo y anuncios de periódicos son solo algunos ejemplos de medios eficaces de propaganda electoral.
Es lamentable la gran cantidad de dinero que se “quema” en pintura y afiches cuya vida es tan efímera como la misma campaña política. Eso, aparte de la contaminación que representan las hojas volantes que se despegan de los postes. Todo ese dinero “invertido” en papel inservible pronto se convertirá en basura que solo servirá para taponar tragantes e inundar las calles durante el invierno.
Pero tan decepcionante es que los partidos políticos ensucien nuestras ciudades y generen trifulcas callejeras por la pinta y pega, como la pasividad y la anomia que el Tribunal Supremo Electoral muestra en estos y otros casos. El TSE no hace nada cuando los partidos inician su campaña electoral antes del periodo legal; no hace nada cuando emplean métodos de propaganda prohibidos por la ley; y no hace nada cuando los miembros de los partidos se agreden, es decir, es una supuesta autoridad que nunca hace nada para garantizar una campaña política del altura.
Los dirigentes políticos, los candidatos y sus asesores de publicidad deben tener presente que la mejor propaganda política siguen siendo las obras hechas y las buenas propuestas. Obtendrán el máximo apoyo ciudadano los candidatos que sepan comunicar mejor lo bueno que han hecho y explicar lo que harían si resultaran elegidos. Aunque ahora deberán meditar mejor las promesas que hagan, pues por incumplir la mayoría en el pasado, será más difícil convencer al electorado. Mientras que por el momento y dado el enorme retraso del TSE para hacerlo, la mejor acción política será motivar al electorado para que asista a votar, guiándolos en cómo hacerlo. Y para hacer eso no es necesario ensuciar ni agredir.
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