La alternancia como reguladora del ritmo democrático
Escrito por David Escobar Galindo / EscritorLunes, 06 febrero 2012 00:00
“Hay que decir, además, que la alternancia en la conducción política del proceso necesita ir acompañada de una constante renovación en el interior de las fuerzas partidarias”.
En la democracia, alternar es lo natural, permanecer acaba siendo lo antinatural. Esto, que la experiencia enseña incansablemente en todas partes, resulta sin embargo una píldora muy difícil de tragar para aquéllos que están inmersos en la competencia política. No es casual, por ejemplo, que en nuestra América Latina se haya presentado en estos tiempos una especie de fiebre reeleccionista. Y cuando se ha dado la reelección, los resultados hablan por sí mismos; y no es cuestión de ideologías, pues igualmente desafortunada es la reelección en la izquierda que en la derecha. Pero aunque no se trate de reelección personalizada, tampoco es saludable la permanencia de un mismo partido en el poder por mucho tiempo. ARENA, al respecto, pagó un precio altísimo por estar en el poder en cuatro períodos consecutivos.
La alternancia real no es, desde luego, un simple cambio de caras ni un mecánico relevo de proyectos de acción: es, en primer término, una especie de filtro de conductas y de perspectivas. Al menos, debe operar como tal. Las cosas, sin embargo, en su desenvolvimiento, tienen variadas posibilidades, que dependen de las experiencias vividas y de las voluntades en juego. Cuando la democracia está ya suficientemente arraigada en las mecánicas de una determinada sociedad, el fenómeno alternante cumple con naturalidad dicha función filtradora. Cuando una sociedad se halla en fase de aprendizaje inicial, como es el caso de la nuestra, las resistencias al filtro natural se hacen sentir a cada instante. Hay que tener, pues, la perseverancia y la paciencia requeridas para avanzar, en vez de estancarse en las frustraciones y en los reclamos.
Los salvadoreños iniciamos nuestra andadura democratizadora allá a comienzos de los años 80 del pasado siglo. La democracia se hizo presente al mismo tiempo que la guerra en el terreno. Curioso paralelismo, que también se aplica a las dos fuerzas políticas que serían las emblemáticas de la competitividad de posguerra: el FMLN y ARENA. Todos nacieron prácticamente juntos. No puede ser casualidad. Al concluir el conflicto bélico, la democratización tomó un impulso mucho más remodelador. Y de inmediato apareció la posibilidad de la alternancia, y ya entre las dos fuerzas ubicadas en los dos polos del espectro político. El sistema parecía estar listo para la alternancia en 1999, pero el alternante —que sería el FMLN— presentó una oferta que no estaba en concordancia con las expectativas ciudadanas. Porque la alternancia tampoco es determinismo.
Por fin, en 2009 se concretó la alternancia, en un ambiente cargado de imágenes de alta contradicción: unos diciendo que si ganaba el adversario vendría el caos; otros diciendo que su eventual arribo al poder traería una especie de alborada. La realidad no es compatible ni con el catastrofismo ni con el redencionismo. La realidad lo que requiere es realismo. Y, cuando se produce una alternancia, y más al darse por primera vez con las características de nuestro caso nacional, la demanda de realismo se multiplica. Para responder a ello es indispensable que todos los actores políticos bajen al nivel del suelo, que es por donde se camina. Nuestro problema actual es que parece que ninguno de esos actores –partidarios y gubernamentales— ha reconocido tal imperativo, y eso genera ambigüedad desconcertante y provoca ansiedad generalizada.
Los salvadoreños, en las diversas ubicaciones de los mismos, tendríamos, en primer lugar, que tomar conciencia del valor de la alternancia, al menos en dos dimensiones realmente básicas: su capacidad ventiladora del sistema y su potencialidad depuradora del ser y del hacer de las distintas fuerzas nacionales. Ventilación y depuración. La permanencia, en contraste, va cerrando espacios y va promoviendo defectos y vicios. En la medida que el sistema se ventila y que las fuerzas y sus actores se depuran, la naturalidad del dinamismo democrático gana energía y permite reproducir energía.
Es comprensible que todos quieran permanecer, porque la alternancia es educadora y ninguna educación es cómoda. Pero, tanto a la corta como a la larga, los beneficios del movimiento alternante siempre se hacen sentir.
Hay que decir, además, que la alternancia en la conducción política del proceso necesita ir acompañada de una constante renovación en el interior de las fuerzas partidarias. Esto tampoco se ha visto en el ambiente, al menos en la dimensión y en la significación apropiadas y convenientes. De seguro por el origen de las dos fuerzas alternantes, las resistencias al cambio de figuras en los niveles de decisión más elevados dentro de las respectivas estructuras se vuelven retorcijones periódicos. Sin embargo, la lógica de la democracia no es un recurso opcional.
Todos tienen y tenemos que reconocerla y asumirla, pues de lo contrario la realidad la impone por vías alternativas. Estamos en ésas precisamente en el país. Y lo que se prevé es que la dinámica del proceso vaya poniendo las piezas en orden, pese a todos los obstáculos y reservas.
Estimados lectores
LA PRENSA GRÁFICA mantiene desde hace un tiempo la disposición de dejar sus canales de comunicación abiertos para que ustedes puedan expresarse libremente sobre cualquier tema publicado en nuestras plataformas digitales. Sin embargo, hemos leído comentarios bastante ofensivos hacia los personajes que generan noticia en nuestro país, así como discusiones bastante negativas que contradicen el sentido de la libre expresión.
Por ello, les invitamos a hacer buen uso de este espacio generando discusiones sanas y con respeto. Advertimos que al detectar ofensas o calumnias nos vemos en la obligación de borrar los mensajes. Queremos mantener este espacio abierto, ayúdenos a que no haya un uso abusivo de este.
Usted puede ayudarnos a mantener este espacio abierto marcando un comentario ofensivo con la
que aparece al poner el cursor sobre el comentario.














Subir


