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Los desafíos básicos de la realidad de nuestro tiempo

En la vida, la escuela superior para todos y para todo siempre es la realidad. Y esto, desde luego, vale también para la política, aquí y en todas partes; ahora y en todo tiempo. Los problemas más grandes y más reacios a las soluciones se presentan cuando se imponen las resistencias a considerar la realidad como la base de todo. Entonces, el conflicto se vuelve inevitable; y eso lo vemos a diario, en los distintos ámbitos y niveles del fenómeno real, desde lo personal hasta lo comunitario, desde lo nacional hasta lo global. Sólo si hay un enfoque y un tratamiento adecuados de los distintos trabajos y desafíos que va acarreando la realidad, en cada momento específico, es posible y factible encontrar salidas realistas y sostenibles a las cuestiones problemáticas que aquéllos traen consigo en el día a día.

Escrito por David Escobar Galindo / Escritor
Lunes, 13 febrero 2012 00:00
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¿Y hoy qué viene? Es la pregunta que circula por todos los rumbos, con destellos fulminantes. ¿Es esto lo que previeron los mayas desde su lejanía en el tiempo?

Cuando se analizan, así sea de forma somera, los trastornos que ahora mismo aquejan a la sociedad global, y muy en particular a las economías “desarrolladas” —y lo ponemos entre comillas porque uno de los términos actualmente más necesitados de replanteamiento es justamente el término “desarrollo”—, salta de inmediato la evidencia de que lo que ha venido habiendo en forma creciente en el mundo es una desconexión entre la política y la realidad. Sabemos, por experiencia acumulada a lo largo del tiempo, que la política tiende irresistiblemente a ser fantasiosa y voluntarista; pero desde que el mundo tuvo que sobrellevar la bipolaridad ideológica entre capitalismo y comunismo, dichas condiciones adquirieron rangos extremos. Durante décadas, el mundo vivió un nudo ciego entre fantasía y poder.

Estamos hoy en una nueva era, lo cual no quiere decir que hayamos salido mecánicamente de las distorsiones básicas que fueron tan caracterizadoras de la era anterior. Sin embargo, hay un hecho que puede ser indicativo de que en verdad vamos entrando en lo que se podría llamar con propiedad una “nueva era”. Y ese hecho consiste en que la realidad como tal parece estar ganando presencia en el panorama de los acontecimientos humanos del presente. Y, desde luego, también en el plano de la política. En Europa, por ejemplo, a raíz de la crisis financiera que azota como una ola de frío siberiano, la política tiene que encarar sus fallas, sus inconsistencias y sus errores garrafales, y aceptar que nociones como el ajuste y la austeridad se hallan por encima de las maniobras y los forcejeos que vienen estando ya por tanto tiempo a la orden del día.

Cuando hay una crisis con las condiciones que tipifican a la actual, no le queda a nadie otra opción que hacerles frente a los efectos sangrantes de la misma; pero de reconocer los efectos a reconocer las causas hay siempre un buen trecho, casi siempre lleno de rodeos y penumbras. En el momento que se vive, tanto en el mundo como en la región y el país, lo primero que ya no se puede evitar es hacer ese camino de regreso a las causas de los grandes problemas que nos aquejan.

Y una vez que se van levantando las capas engañosas del “desarrollo” y del “subdesarrollo”, las causas parecen ser las mismas en todas partes, porque en definitiva los seres humanos son muy parecidos en lo básico y porque la política, más allá de las maneras y los encuadres, también se parece mucho en todas partes.

La realidad, al fondo, muestra sus caras y sus gestos para todos. Tres reclamos están esperando concretarse, aquí y en cualquier lugar del mapa global, con una urgencia que va detonando ininterrumpidamente: la humanización del ejercicio social, la reanimación efectiva del bien común y la creación de espacios para la autorrealización del ser humano en persona. Aunque dichos términos hablan y se definen por su cuenta, hay que decir que todo ello implica poner al individuo, en los hechos y no sólo en las palabras, en el centro de la realidad que se administra, para corresponder al hecho de que el individuo esté donde siempre ha estado: en el epicentro de la realidad que se vive.

En nuestros días, la realidad quiere arropar al ser humano, y eso es lo que hay que honrar con la política y con todas las otras disciplinas disponibles.

El imperativo humanizador tiene, desde luego, expresiones muy diversas. Y es revelador cómo ha dejado de ser una mera aspiración filosófica o una simple promesa de manual político para pasar a las calles y a las redes sociales, que es donde los ciudadanos circulan todos los días. Son éstos los escenarios más visibles de la realidad que ahora reclama protagonismo diferente al que se tenía conocido y controlado hasta ayer mismo. En el momento actual, la política se les está yendo de las manos a los políticos.

Es una noticia muy inspiradora, pero a la vez muy inquietante, porque significa entrar en el terreno de lo desconocido. La pregunta inmediata es: ¿Y hoy qué viene? Es la pregunta que circula por todos los rumbos, con destellos fulminantes. ¿Es esto lo que previeron los mayas desde su lejanía en el tiempo?

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