La crítica emana de algo que posible-mente algunos de ustedes ya olvidaron: la capacidad de indignarse ante la corrupción de altos funcionarios y la podredumbre exis-tente en nuestro sistema político.
No fue una crítica malintencionada o políticamente calculada. Tampoco pretendí pontificar consecuencia y decencia. Nadie es puro y virginal; se trata de esforzarse por serlo. La crítica emana de algo que posiblemente algunos de ustedes ya olvidaron: la capacidad de indignarse ante la corrupción de altos funcionarios y la podredumbre existente en nuestro sistema político, la capacidad de encabronarse ante las componendas y el reparto legislativo que atenta contra nuestra incipiente democracia, la capacidad de conmoverse ante la pobreza que fomentan las fechorías políticas y la perversidad del quehacer político partidario, la capacidad de tomarse en serio el ejercicio democrático, el cual algunos de ustedes no acaban de digerir.
Algunos reclamarán que mi crítica le hace el juego a la derecha o que es expresión de derechización, tal como suelen descalificar religiosamente a sus críticos (con ese cuento del le están haciendo el juego al FMLN, el expresidente Saca logró complacencia y cobardía por parte de cúpulas empresariales). El lamentable espectáculo que dieron especialmente al cierre de la anterior legislatura no merece complacencia ni cobardía de sus críticos; ni de los de dentro ni de los de fuera.
Por otro lado ¿acaso aquella crítica significa más derechización que cupular en el lecho legislativo con la derecha oscura? ¿Acaso revelar errores de la dirigencia es una acción más derechosa que la de callar la corrupción de la derecha aliada? ¿Acaso ejercer conciencia crítica ciudadana es más derechista que imitar la derecha en el uso del Estado para hacer fortuna capitalista? ¿Acaso compartir acciones de lucha por la democracia con empresarios dentro de Aliados por la Democracia es más derechoso que los intentos antidemocráticos de controlar instituciones?
Les hago un llamado a la reflexión y al debate sobre las consecuencias de sus decisiones legislativas, en especial la de quitar al magistrado presidente de la Sala Constitucional, en evidente violación al espíritu y la letra de la Constitución: conducirnos a un nuevo choque de poderes y crisis institucional que consumirá valiosas energías y esfuerzos, que bien deberían utilizarse en enfrentar los graves problemas económicos y de seguridad por los que pasa el país; restar credibilidad y afectar aún más nuestra frágil institucionalidad democrática; debilitar el sistema judicial ante el combate al crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción en altas esferas; abrir más las puertas a la impunidad; generar incertidumbre política e institucional en detrimento de las ya magras inversiones. Recuerden que no podrán evadir las responsabilidades sobre ello, ni sobre lo que hagan y dejen de hacer los funcionarios que inadecuadamente nombraron.