Que nadie ande preguntándonos dónde estábamos antes de hoy... Estábamos donde siempre hemos estado: Creando el empleo que otros prometen, produciendo la riqueza que otros distribuyen, y llevando el desarrollo y bienestar donde otros no lo hacen...

En ese evento, Javier Simán, presidente de la ASI, planteó las preocupaciones de los industriales ante “una serie de adversidades y amenazas” que están enfrentando y que, a pesar de ellas, se ha “seguido invirtiendo porque tenemos fe en Dios y creemos en El Salvador”, resaltando que “solo necesitamos que nos dejen trabajar en un clima de estabilidad y legalidad”. 

Tomo este discurso de Javier Simán porque sirve para recordar quiénes son los que generan empleos y riqueza nacional: el sector privado. El gobierno no genera riqueza, solo toma recursos de los privados –que provienen de sus impuestos– y “da” empleos que paga con estos recursos. Por esto es de gran importancia evaluar el sentir empresarial: “En los últimos años hemos visto con preocupación un sistemático ataque en contra de la empresa privada, de parte de aquellos mismos que demandan de nosotros mayores inversiones y más empleos”. 

Además recalca que el “distanciamiento y confrontación con los empresarios no contribuye al clima de confianza y optimismo” que se necesita para que los inversionistas inviertan y los empresarios amplíen sus empresas. Nadie puede ignorar que estamos viviendo como país “un ambiente hostil y con un peligroso deterioro institucional que amenaza la gobernabilidad”, en una lucha que mantienen algunos políticos “buscando mantener privilegios y cuotas de poder, en lugar de resolver los verdaderos problemas económicos y sociales que enfrentamos los salvadoreños”. 

El telón de fondo está bien dibujado: los empresarios demandan una institucionalidad que funcione y se respete, un ambiente de armonía político-social que permita alcanzar mayores grados de gobernabilidad en democracia, factores clave para generar confianza y la inversión en la persona y en tecnología, para aumentar la productividad, condición irrenunciable para “generar prosperidad”. Por esto, Javier Simán recalca: “Lo que hace a un país próspero no son sus recursos sino su productividad. Un país no es rico por lo que tiene sino por lo que hace con lo que tiene. Es su capacidad de producir y competir”. Entonces debemos preguntarnos: si el país ha caído en una situación de inestabilidad político-institucional ¿cómo exigimos más inversión? 

Quienes demandan estabilidad, respeto institucional y un ambiente de confianza son los que han generado riqueza nacional y empleo. Por esto, el presidente de la ASI hace uso de la historia: “Nuestra labor gremial no empezó hace tres años sino desde 1958. Que nadie ande preguntándonos dónde estábamos antes de hoy, porque vamos a responderle con toda propiedad... Estábamos donde siempre hemos estado: Creando el empleo que otros prometen, produciendo la riqueza que otros distribuyen, y llevando el desarrollo y bienestar donde otros no lo hacen. Ahí es donde hemos estado y seguiremos estando”. 

El reclamo de los industriales a los políticos no debe ignorarse, porque reflejan una realidad cuando dicen: “Nunca dejaremos de ser la economía que menos crece en la región, mientras nuestros políticos y gobernantes sigan buscando resolver sus propios problemas antes de resolver los problemas de todos los salvadoreños”. 

Tan cierta es esta aseveración, que la falta de empleos, el alto costo de vida, la defraudación social que se está haciendo con los fondos de pensiones de los trabajadores, el incumplimiento a los maestros que trabajan en escuelas cada vez más deterioradas, la delincuencia que cambia sus formas pero que mantiene en acoso a la población y otros problemas graves están ausentes de las agendas políticas. Así difícilmente saldremos adelante.