Funes es el que menos artillería tiene, o ha mostrado, en el frente de guerra. Si nos preguntamos si Funes se ha equivocado, tendríamos que responder que sí. Pero al menos tuvo la valentía de dar un paso adelante, convocar a los partidos políticos.

Al presidente Mauricio Funes le cobran algunos defensores de la Sala de lo Constitucional, que durante la crisis se les lanzó al cuello a los magistrados y nunca les perdonó que se metieran con sus partidas secretas. El pecado más venial que le atribuyen a Funes es que paralizara, en el diario oficial, la publicación de fallos de esa sala. Por eso sobran quienes ven su papel de mediador en la disputa como si arrastrase un denso vaho de desconfianza.

Pero como esta crisis no es original, ni mucho menos ejemplar, yo prefiero como mediador al presidente Funes, con todas sus equivocaciones, que aplaudir, pese a todas sus buenas intenciones, que la embajadora de los Estados Unidos nos saque del atolladero o que las Naciones Unidas nos agarre del pelo y nos saque del vacío como si fuésemos un pueblo de bárbaros que no puede acabar con sus problemas.

De las tres partes involucradas en todo cuanto pasa (Corte Suprema de Justicia, Asamblea Legislativa, representada por los partidos políticos y el Poder Ejecutivo), Funes es quien menos artillería tiene o el que menos ha mostrado en el frente de guerra. Si nos preguntamos si Funes se ha equivocado, tendríamos que responder que sí. Pero al menos tuvo la valentía de dar un paso adelante, convocar a los partidos políticos (una de las dos partes más teñidas con el color de esta crisis) y logró que, al menos, se firmara un documento en el que se dice que la solución pasa por cumplir algunas sentencias de la Sala de lo Constitucional. Eso ya es algo importante para desactivar la bomba que tenemos entre las manos.

Hay que entender que en esta crisis ya no podemos encontrar verdaderos ingenieros morales o armadores de lo justo. El tumor creció tanto que cuando los primeros intentaron meterle el escalpelo, los primeros pedazos salpicaron a casi todos. Volaron los pecados.

Pero para solucionar esta crisis se requiere cumplir con varias condiciones: a) articular una solución genuina. No una caricatura que refleje ni siquiera arte genuino. b) Bajar las tensiones y moderar el lenguaje. La guerra y la paz siempre comienzan con la palabra. c) Funes debe colocarse por encima del bien y el mal. Las soluciones deben ser apropiadas, no forzadas. Un error del mandatario derrumba el edificio de la solución y profundizaría la crisis. d) hay sectores que deben apartarse del debate. Por ejemplo, la ANEP y todas aquellas organizaciones que no aporten nada a las soluciones. Que vigilen y nada más. e) Sería una equivocación diseñar una solución exclusivamente para el momento, como si fuésemos acompañados con una aventura amorosa en busca de un motel de paso, y nada más. La solución debe pasar por algo más profundo que eso. c) las dos partes involucradas deben hacer sus propias renuncias. Si el modelo y el papel de la Sala de lo Constitucional cambia, o se quiere cambiar, discutámoslo abiertamente. Hagámoslo sin temores y en busca de otorgarle al cambio una amplísima cultura constitucional. Los cambios no pueden hacerse con faltas de ortografía. d) Los diputados deben entender que, de aquí en adelante, deben elegir magistrados constitucionalistas que sepan su oficio. No aventureros del derecho.

Igualmente es importante que los políticos queden notificados que deben anular el papel que asumen de patronos de quienes sienten en el Poder Judicial. El FMLN debe comprender que lo que pasa en el Poder Judicial es una rebelión casi cristera como la que ellos encabezaron y ahora no apoyan. ARENA también debe entender que si un día firma un documento en el que pide que se cumplan las sentencias, en nada abona que, al día siguiente, arme un bochinche desproporcionado porque sus contrincantes apoyaron algunos desmanes de quienes apoyan a Ovidio Bonilla.