La matonería y la arrogancia extrema, recibieron su debido castigo político y moral. Los partidos mismos ratificaron ese mensaje al no elegir a Bonilla como presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Los ciudadanos han demostrado en los últimos años que tienen el poder de frenar a cualquiera que intente llevar al país por la ruta del autoritarismo. El acuerdo logrado por los partidos políticos, para solventar la crisis institucional, es razonable y sensato:
-La sentencia de la Sala de lo Constitucional será cumplida.
-La Corte Centroamericana de Justicia fue ninguneada por todos los partidos, tal como debía ser.
-La matonería y la arrogancia extrema recibieron su debido castigo político y moral. Los partidos mismos ratificaron ese mensaje al no elegir a Bonilla como presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Pero como no se trata de jugar a la ingenuidad, hay que tener presente que quienes han pretendido avasallar al poder judicial persistirán en su propósito; solo cambiaran de ruta, pero su objetivo seguirá siendo el mismo.
Para muestra un botón, Ovidio Bonilla no es del grupo de poder de FMLN; Padilla, el nuevo presidente de la CSJ, sí pertenece y responde directamente a la élite de los nuevos ricos del país, eso no necesariamente es malo; porque tiene mucho que perder y porque siempre ha sido mejor entenderse con los dueños del circo.
No me parece prudente seguir transitando por el camino de querer descalificar a personas, lo trascendente es si lo que hace una persona se corresponde con lo que predica, y, en el caso de los partidos políticos, lo esencial es tener claridad de si sus dirigentes trabajan por el bien común o únicamente por el bien de ellos mismos.
No es legítimo intentar descalificar a nadie por pertenecer a un partido político y tampoco es apropiado negar la pertenencia de una determinada persona a una formación política; los partidos políticos son parte consustancial de la República y es un derecho legítimo pertenecer a ellos, quien no quiera pertenecer a un partido está en su derecho, pero quien decide integrarse a un partido, también está en su derecho.
La existencia de una nueva élite económica y política en el país es un hecho que no amerita discusión. Dicho de otra manera, además de la oligarquía tradicional, existe ya la oligarquía del siglo XXI, que se llama a sí misma la revolucionaria, en México se llama igual desde 1930.
Al igual que el común de los mortales, no nos interesa saber cuál de las oligarquías tiene más pisto o más aviones o más yates, lo que sí nos interesa es que los grupos de poder no sean una retranca al progreso social. No se puede permitir que los nuevos y viejos oligarcas sigan acumulando riqueza basándose en tener al país como su hacienda; donde todo mundo se limite a ver, oír y callar, como dice Will Salgado.
En resumen, la impresión que queda es que a los partidos de la alianza de gobierno y a su gobierno, esta crisis que dio inicio con el fatídico decreto 743 les ha provocado más costos que beneficios. En las elecciones de marzo le cedieron a ARENA el conjunto de alcaldías del área metropolitana, y como resultado de los últimos desplantes y del desempeño gubernamental ya le han ayudado lo suficiente al partido ARENA, para estar a las puertas de ganar la elección presidencial del 2014.
¿No creen los partidos de la alianza de gobierno que sería útil propiciar un giro? Por ejemplo, podrían mandar de embajador plenipotenciario para asuntos del sudeste asiático con sede en Pyonyang al profesor y vicepresidente Salvador Sánchez Cerén, en vez de llevarlo de candidato presidencial para el 2014.