El diccionario Larousse de la lengua española define la palabra envidia como un sustantivo femenino, que significa pesar por el bien ajeno. Deseo de hacer o tener lo mismo que otro. La gente, en un sentido más popular, habla de envidia “buena”, cuando hace referencia a una especie de admiración y reconocimiento directo a los logros o méritos de otros. Sin embargo, mi deseo aquí es referirme a ese tipo de envidia, que según la gente, no es tan “buena” y que por el contrario es la causante de muchos de los conflictos importantes entre los seres humanos. Es en este sentido, que la envidia, al igual que la intriga, el miedo, la ambición, la lástima, entre otros, son conceptos a los que hay que descubrirles su móvil oculto.
Por tanto, en primer lugar, lo que hay que reconocer es que la envidia, por extraño que parezca, está muy relacionada con la seguridad existencial de los seres humanos. Esto quiere decir que los humanos buscamos la seguridad perfecta, es decir, un estado en el que no experimentemos carencias, enfermedades, dolor, etc. El asunto es que el envidioso, inseguro de sí mismo, cuando se da cuenta de que otros poseen los bienes y tesoros que se asocian con esa seguridad, experimenta un sentimiento de amenaza y de profunda inseguridad, que lo corroe y que se convierte en envidia, un sentimiento que al final de cuentas es un problema de autoestima, de inferioridad, de inseguridad. El envidioso tiene una visión distorsionada del valor de sí mismo y de su entorno, la cual no le permiten disfrutar lo que posee y aunque posea, nunca estará lleno.
Otra de las características fundamentales de la envidia es la capacidad que tiene de aparecer muchas veces de forma disfrazada, como cuando el envidioso llega incluso a experimentar sentimientos de odio hacia la persona envidiada. El odio responde en este caso a una forma de defensa, un escudo que protege al envidioso del hecho de aceptar una inmensa admiración por la persona odiada. Entonces, para el inseguro reconocer de forma directa su admiración hacia alguien, sería, según él, una muestra de debilidad, para lo cual consigue que su mente invierta esa “debilidad” y “admiración” en odio. Es en este caso donde debemos tener el cuidado, cuando experimentemos un odio inexplicado o sin sentido por alguien que ni siquiera nos ha causado daño alguno o también cuando seamos sujetos de ataques, sin razón aparente.