En el actual contexto globalizado de los mercados, al cual no es nada ajeno nuestro mercado salvadoreño, surge la necesidad imperante para nuestras empresas de dedicarse a innovar y a concentrar sus recursos en el negocio principal. Es aquí donde el “outsourcing” (la tercerización o subcontratación, como es llamada por algunos) ofrece una solución óptima y llega a constituirse en el motor de permanentes alianzas estratégicas entre cliente y proveedor.
Lamentablemente, la relativa novedad de este concepto en nuestro medio, aunado a la pobremente comprendida visión de focalizar el “outsourcing”, como una eficaz estrategia para hacer más eficientes los procesos del negocio, tal como lo perseguiría la reingeniería, no ha permitido maximizar sus beneficios en el sector empresarial local. Con el “outsourcing” también es posible volver los procesos más efectivos, mediante la contratación de los servicios de un proveedor externo y experto en determinadas funciones o áreas de gestión, para que se haga cargo de desarrollar y administrar para estas, una determinada función u operación, agregándole valor a esa relación. Por cuanto, lo libera del “dolor de cabeza” de tener que desarrollar internamente estructuras diversas no relacionadas, con el objetivo primordial de la empresa pero muy necesarias.
Algunas de las definiciones que reflejan la intencionalidad de este concepto, “outsourcing”, son : “La acción de recurrir a una agencia externa para operar una función que anteriormente se realizaba dentro de la compañía”. Tercerización: “Atender las funciones o procesos no ligados a la columna del negocio”.
Con estas acepciones que citamos, podemos apreciar que el “outsourcing” se trata de una modalidad, con la que determinadas organizaciones, grupos o personas ajenas a la compañía son contratadas para hacerse cargo de “parte del negocio” o de un servicio puntual de este. La compañía contratante delega al “proveedor externo” el gerenciamiento y la operación de uno de sus procesos o servicios, pero también le transfiere los riesgos y la carga operativa a un tercero, quien pueda dar garantías de experiencia y seriedad en lo encomendado. Es una forma de contar con un aliado, el cual se convierte en una extensión de su organización, pero sin incorporarse formalmente.
También es conveniente señalar que el “outsourcing” demanda la buena práctica en la toma de decisiones gerenciales. Su consideración necesita estar sujeta a un proceso administrativo apropiado, y no tomarse simplemente, como es el caso de muchas decisiones, más sobre bases financieras o técnicas. Por el contrario, requiere de la evaluación, planeación y ejecución de un conjunto de decisiones, que ayudarán a identificar y fijar las expectativas sobre aquellas áreas donde se necesite conocimiento especializado para realizar las distintas actividades de la organización.