La Canasta empezó a nutrirse de ingresos cuando su padre, Madecael Barriere, rompió brecha en el mercado salvadoreño con la distribución de cereales en los supermercados del país, en 1982. También, cuando cinco años después exploró una necesidad que aún no estaba cubierta en el mercado, como la comercialización de las especias, con un empaque atractivo y precio accesible al bolsillo de los salvadoreños.
Con el empeño y sacrificio de Barriere Productos La Canasta S. A. de C. V., como se denomina la sociedad, se convirtió en una pionera en el mercado de las especias. Poco a poco ese reconocimiento trascendía en los ámbitos nacional e internacional, por su trayectoria empresarial.
Momento justo para que su hija, la mayor de tres herederos, Claudia Barriere de Melara, se despidiera de su puesto de gerente en una multinacional fabricante de telas para poner en práctica su capacidad, sus estudios en la Licenciatura de Economía y Negocios, y Maestría en Administración de Empresas y Finanzas, para ser la mano derecha de su padre o como bien lo dice con sus palabras, “para hacer crecer a mi papá”.
Desde que ocupa la silla de gerente, y emprende ideas frescas e innovadoras, de acuerdo con su padre, la empresa ha crecido en un 50%, es más, la cataloga como una empresa “más consolidada”. Las exportaciones han crecido y han logrado alianzas con una empresa de peso en el país (La Fabril) que le apoyarán en la distribución de 80 productos en total, entre especias y refrescos, y alimentos para aves con calidad comprobada. La horchata con leche y de coco, como el resto, son elaborados sin químicos ni preservantes.
En ocho años, han logrado posicionar las exportaciones al mercado de Estados Unidos, Australia, y Centroamérica. Por ser una empresa de gran ejemplo, y por ser liderada por una mujer joven, según De Melara, el Ministerio de Economía la tomó como referente para lanzar el Tratado de Libre Comercio (TLC). Además, ha tenido el privilegio de haber sido invitada por el Congreso estadounidense para sostener una charla sobre lo vital que es para las empresas locales exportar.
“Ya no cabemos aquí”, dice en momentos que brinda un tour por el área de producción, donde se cuentan unas 15 máquinas semiautomáticas, y donde laboran unos 50 empleados.
El conocimiento del negocio y ser profesionales han sido las bases para que la empresa se haya desarrollado como está y se siga en la lucha.
Por ejemplo, su madre, quien hace poco se incorporó a darle más peso a La Canasta, es licenciada en Economía y cuenta con un posgrado en Comercio Exterior. Ella ha trabajado gran parte de su vida en la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador. Por su lado, su padre se desempeñó en áreas de importaciones y exportaciones de productos en dos entidades estatales. Su hermana, Elena, es también una administradora de profesión.
Para De Melara es un hecho que lo anterior ha sido un buen enganche, pero además supieron aprovechar las oportunidades presentadas. Eso sí, no cree que las puertas se les hayan abierto por tener puestos influyentes. “Para mí es el resultado de todo el esfuerzo que hemos hecho. La satisfacción personal es poder crecer a raíz de los esfuerzos que hacemos como familia, pero la más grande es dar empleo a esta personas, poder ayudar a mi país, generando empleos”, dijo la gerente.
Su padre y fundador, y quien sigue en la supervisión constante del negocio, lo ve como un legado para la posteridad. Y asegura que la presencia de su hija en la empresa le imprime “más seguridad, estabilidad y más fortaleza a la empresa”, ya que se mantienen los principios y valores de siempre.