Dr. José Roberto Lizama Médico psiquiatra, sexólogo, terapeuta y educador sexual Consultas: 2100-8606
Al formarse la pareja, hay ajustes que fomentan la adaptación. Este período puede ser el mejor o conflictivo. Se replantean las relaciones sociales, familiares, reglas internas y libertades. En la intimidad, de cuanta libertad se permitirá para expresarse y de la creatividad en la participación. Comienza durante el enamoramiento, donde todo lo que hace la pareja está bien. Seguidamente, puede ser un contraste total. Antes la pareja era tranquila, hoy es aburrida; antes, respetuoso y hoy, lento.
En el eje de la dependencia a la autonomía, se trata de la necesidad de tomar decisiones y de la presencia del otro. Abarca contacto, comunicación, expresiones de posesión y pertenencia o aspectos que le harán indispensable. Ejemplos son escoger sus prendas o hacerle ganar peso. “Es que así solo yo le querré”. La autonomía supone que cada uno hace como cree, sin consultar.
La obediencia requiere una entrega a la voluntad del otro. La obligación de hacer todo lo que se le ordene, a costa de su beneficio. La rebeldía determina la necesidad de hacer lo que quiera. No considera la otra persona, se somete solo a su propia voluntad e iniciativa.
La combinación de estos conceptos generan cuatro estados que para claridad exageraré. Las parejas generalmente no se dan cuenta de estas posturas, a menos que sea algo extremo, abusivo o doloroso. Sufren, pero aún así, porque no lo identifican, no lo cambian.
Dependencia + obediencia = sumisión. “Vida mía, como diga lo haré”. En lo erótico, la postura masoquista es su ejemplo. No hay expresión de preferencia, validación de sus deseos o fantasías. Hay obligación de complacer, nada más. Es casi esclavitud.
Dependencia + rebeldía = parasitismo. “Te necesito para mi beneficio, pero hago lo que quiero”. En lo erótico, la postura sádica es el ejemplo. La persona se sirve de la otra hasta que se satisface; le importa su placer a costa de la dignidad del otro. Depende de su pareja, por que no cualquiera se prestaría a sus excesos.
Autonomía + obediencia = acomodación. “Cada cual por su gusto, según lo acordado”. En lo sexual, suele ser monótono, demasiado buenito [sic]. En lo erótico, puede llegar a volverse como una coreografía, predecible, fastidiosa. Aunque muy civilizado, es inflexible a menos que haya sido pactado el cambio, si se permite.
Autonomía + rebeldía = abandono. “Yo por mi cuenta, haciendo como quiero”. Cuando coinciden en un coito, se excita solo por lo que siente. Es posible que forza al sexo, no como un acto de control sino para desahogarse. En la relación, se vive un vacío en el que no hay acuerdos si acaso coincidencias. Los acuerdos se rompen porque sí y qué.
Cuando las posiciones se mantienen estancadas, todo se deteriora. Si las actitudes en lo erótico pasan a otras esferas de la vida de pareja, se dificulta tomar decisiones, planear inversiones, gastar dinero. Es relativamente normal que todo nivel se dé, pero no al extremo, siempre.
La diferenciación es la clave. Es decir, agregar el elemento de cuándo, para qué y dónde. Ejemplo, alguna vez quise un mañanero (abandono), pero luego correspondo a sus deseos (sumisión). Si no hay ese sentido de balance, precisión o extensión, la comunicación e integración fallan y las posturas aparecen una y otra vez, cada vez peor. La asistencia oportuna puede salvar de la anulación, abuso, aburrimiento o negligencia.