La primera vez que lo hizo se sintió muy triste, pero al ver a su esposo plenamente satisfecho, Cindy pensó que podría volver a hacerlo una y otra vez. Desde entonces, fingir sus orgasmos se convirtió en una práctica rutinaria.
Ver dormir a su esposo con una sonrisa en los labios sin sospechar nada era suficiente motivo para seguir haciéndolo. Lo que nunca imaginó es que sus espectaculares actuaciones quedarían al descubierto.
¿Por qué se fingen?
“Fue horrible. Estaba en mi departamento conversando con unas amigas cuando salió el tema y yo confesé que siempre fingía. Él lo escuchó y, desde entonces, nuestra relación es un desastre”, cuenta Cindy, una neoyorquina de 28 años que desde aquel día asiste a terapia psicológica todas las tardes.
Aunque ella no se considera frígida, reconoce que tiene serias dificultades para alcanzar el orgasmo. Nunca se atrevió a decírselo a su esposo. Optó por simular placer. Le pareció la solución ideal a su problema de pareja. Pero el remedio terminó siendo peor que la enfermedad.
¿Por qué fingir el clímax? Miedo. Ese es, según la psicoanalista y sexóloga argentina Sonia Blasco, autora del libro “Camino al orgasmo”, el principal motivo que obliga a una mujer a fingir un orgasmo.
“Quien finge cree que las demás mujeres lo hacen como las diosas y que la lenta o torpe es ella. Tiene miedo de tratar el tema, piensa que él buscará a otra y por eso finge”, explica.