OPINIÓN (Desde acá)

Me gusta cuando callas

*Periodista salvadoreño

De entrada resultaba complicado competir con Guatemala o incluso con Honduras. No solo por las impresionantes estructuras y templos ceremoniales que aún se conservan en aquellos países, sino porque el elemento base en toda la celebración del Baktun, es decir la cultura maya, por aquí está un tanto desaparecida. Pese a ello, a la invisibilización de décadas de los pueblos indígenas, el Ministerio de Turismo de El Salvador decidió subirse a la cola de los parques temáticos para aprovechar la bonanza apocalíptica de estos días. Todo sea por los mayas.

En México, la ocupación hotelera en el estado de Quintana Roo, donde está Tulúm, o en Yucatán, con la imponente Chichén Itzá, supera el 90%. Parecido a lo que ocurre en Guatemala, particularmente en Petén. Los hoteles están saturados. La curiosidad, devoción o el morbo para ver si el mundo se acaba son importantes ganchos turísticos, demasiados sensuales para ser obviados en tiempos de crisis.

La publicidad del ministerio salvadoreño se ha intensificado a medida que se acerca el 21 de diciembre. Desplegados en prensa, mupis, anuncios en radio donde se comenta que celebramos “el inicio de una nueva era”, además de “orgullosos de ser parte del mundo maya”. Al menos en esos anuncios es posible ver lo que en las calles, en los pueblos y en las ciudades son especies en extinción: personas que reivindiquen abiertamente el pasado maya.

No tengo idea de cómo estarán los hoteles en Chalchuapa para el evento del 21 en el Tazumal. Supongo que topados. El del Tazumal será el clímax de unas celebraciones que también incluirán, pongan atención, un evento denominado: “Surf nocturno maya”. En la página del Ministerio de Turismo hay una breve descripción: “Surf nocturno y ceremonia maya, se tendrán actividades diversas como: música en vivo, baile, gastronomía”.

He quemado miles de neuroas tratando de descifrar la cosa del surf. ¿Surf maya? ¿Las primeras tablas fueron encontradas en Joya de Cerén? ¿Lo siguiente será un partido de la selección del 82 contra un combinado de tatas mayas? ¿Por qué no nombramos un bulevar maya?

El mensaje de los mayas, los que no andan pregonando el fin del mundo, se basa en el inicio de una nueva era. Pero eso no vende. Nadie haría programas de televisión con zombis si el objetivo fuera únicamente querer a la madre tierra. Esta columna cínica tampoco vendiera.

Por eso, para ser congruente con columnas anteriores, con el perdón de los mayas, me inclino por la versión apocalíptica. En este espacio hemos concluido que la solución más viable para El Salvador es cubrir de cemento todo el territorio para hacer un gran parqueo. Vigilado, por supuesto, por un sueco y un noruego. El fin del mundo, pues, da en el clavo.

Piénsenlo un momento: ¿no sería más fácil si el mundo se acabara el 21 de diciembre? Sé que les pondría triste ya no comer pollo frito ni pupusas, recibir remesas, ir a los Estados, pasear en los centros comerciales y ver “Trato Hecho”, pero estoy convencido de que los beneficios superan –por un altísimo margen– a las calamidades.

Sumemos:

-No haría falta esperar hasta 2014 para que su Majestad termine su gobierno.

-Se acabaría el Alianza.

-El show/tregua de las pandillas terminaría (muy a nuestro pesar).

-No más buseros en las calles, ni reguetón, ni los programas al estilo Pati Chapoy, ni Toby, ni los especiales que manejan en contra sentido.

-Nos salvaríamos de Norman o Sánchez Cerén.

-Y, Dios nos oiga, Tony Saca nunca volvería a la Presidencia.

Posdata: Como todo se acaba, me despido. Adeu. Nos leemos el 30.