Hace seis años tuve que irme de mi amado país y, hoy que regreso, veo grandes cosas: Calles, edificios; un desarrollo que, por demás, puedo decir admirable ¡centros comerciales y almacenes con miles de productos!
Mi tía Amelia (72 años) tenía cita en el ISSS localizado en las cercanías de colonia Zacamil.
Para mi sorpresa, me encontré con un edificio grande e impresionante. -Me dije “Dios, esto es lo que queremos. ¡Al fin!
No quiero dañar a nadie pero, al hacer las observaciones para que las tomen encuentra, creo que es lo menos que puedo hacer.
Llegamos y aquello estaba sucio, en proceso de construcción. Me dicen los de seguridad que aún así se está dando el servicio. ¿? -Pase.
Bueno, a regañadientes de mi tía, que como a toda persona de tercera edad hay que meterle prisa, nos encontramos con un ascensor pequeño, donde solo la silla de ella y unas tres a cuatro personas más pueden acomodarse.
Sin embargo, no pudimos: Un empleado interno llegó con una carreta donde trasladaba unos seis botellones de agua. Metió la carreta entre tres personas y dijo: “Estamos ya llenos”. Cerró las puertas. “¿Y el ascensor de servicio?
Pregunté nuevamente dónde está el registro de pacientes citados –En el piso cuatro.
Las gradas están descartadas para mi tía.
(A esperar, pues solo hay un ascensor ¡¡¡PARA TODO EL EDIFICIO!!!)
–No quiero ni pensar el día que tenga problemas el ascensor.
Ya en el cuarto piso, nos indicaron donde estaba el punto de la consulta. Mi sorpresa es que había una cantidad de personas de la tercera edad. (De aquellas que caminar ya es una aventura)
Esperamos unos 40 minutos (muy aceptable ) –Pero lo que no es aceptable es un calor tan fuerte. Al ver alrededor, no encontré aire acondicionado y/o ventanas que permitan la circulación de aire... En fin, un piso totalmente incómodo.
Como una droga, el calor hace dormir a todo aquel paciente de edad avanzada, incluida mi tía Amelia.
-Ok, le dije tía Amelia, ya tenemos la receta, vamos por la medicina.
De nuevo a la planta baja, a un lugar donde había más de 80 personas; unas sentadas y otras paradas. No pude meter la silla de mi tía Amelia, pues el pasillo de acceso es angosto y, de paso, han colocado más sillas. Así que la deje por un momento y me fui a hacer cola para adquirir los medicamentos.
(Ella jamás lo hubiera hecho -más bien para todas las personas de tercera edad es dificultoso)
En la fila me intercepta una empleada y me dice: “Quisiera ver sus recetas”. -¿Y eso?, le pregunté. Muy amablemente me respondió: “Lo que sucede es que algunos medicamentos no los tenemos y los chequeamos en la fila. Así, usted puede venir después a preguntar.”
Afortunadamente, sí había, así que espere a que llamaran.
Mientras lo hacía observé que no había tomas de energía, interruptores, sistema de alumbrado, pisos antideslizantes, ascensores amplios para este edificio.
He visitado varios hospitales y centros de salud de varias partes de Centroamérica.
Haber adquirido una carrera técnica me da motiva a tener curiosidad por los sistemas de alumbrado, las puertas y otros elementos de un edificio orientado a la atención de salud son Calidad Hospitalaria.
El caso de mi tía Amelia es uno de cientos a diario.
Me parece que alguien no está haciendo su trabajo adecuadamente por pacientes de este tipo, como los pequeñitos que están con adultos enfermos.
¿Por qué? Deben ser tratados y considerados.
Es necesario que se tomen en serio su papel. Un simple edificio no hace el trabajo por ustedes.
He recibido muchos cursos y seminarios de servicio al cliente y, si algo está claro, este es un servicio NO orientado al Cliente.
No podemos pretender que un edificio para oficinas se adapte a uno edificio servicio orientado a la salud.
Los invito a que lleguen y comprueben lo escrito.
¿Acaso podemos invertir $25,000,000.00 en elecciones, mantener un ejército de diputados y no podemos atender lo que el pueblo requiere y necesita?
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