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Los niños de la tragedia

Foto de portada 15/11/2009 00:00

Son niños que salvaron su vida, y nada más. A ratos juegan y se les olvida, pero por dentro llevan depresión, ansiedad, miedo. Es la consecuencia de haber sobrevivido a toda la destrucción que deslaves y derrumbes dejaron —a causa de torrenciales lluvias— en el país. Más de 160 de personas han muerto, miles más están sin casa. En esta coyuntura, los dibujos que varios de estos pequeños realizaron con crayolas hablan de que las calles en las que muchas veces jugaron ahora están anegadas de lodo. Hablan de vecinos muertos, de amigos y familiares desaparecidos, de su éxodo entre aguaceros y piedras. A algunos de ellos se les encontró en el albergue de Verapaz, San Vicente. Otros estaban en los refugios de la comunidad Tierra Blanca y en el del Centro Escolar del cantón Las Delicias, ambos en San Martín. Y a otros más, se les sorprendió cuando removían lodo en busca de algo útil en lo que quedaba de sus viviendas.

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Séptimo Sentido les invita a que nos hagan llegar sus opiniones, críticas o sugerencias sobre cualquiera de los temas de la revista. Una selección de los correos se publicará cada semana. Las cartas, en las que deberá constar quién es el autor, podrán ser editadas o abreviadas por razones de espacio o de claridad.

Lodo en los ojos

Después de varios días me he preguntado si hubiera servido hacer algo, si hubiera sido útil levantarme.

El mayor daño

¿Cómo se puede responder a los niños que han perdido casa, familia y todo el mundo que conocían?

El juego de matar y morir

Estos juegos añaden insensibilidad. Provocan que en El Salvador bebamos una taza de café, sabiendo que cada día asesinan a 14.

Yo boté el muro de Berlín

Hace 20 años, el mundo pudo ver cómo caía, en Alemania, uno de los últimos referentes de la Guerra Fría entre occidentales y soviéticos: el muro de Berlín. La fría noche del 9 de noviembre de 1989, miles de germanos salieron a la calle a festejar que ya no vivirían separados. Cerveza, champán, aplausos, gritos de júbilo, lágrimas. Y aunque el derribo de la muralla podría parecer ahora inevitable, la chispa la había desatado una sutil metida de pata frente a las cámaras de televisión de un alto dirigente comunista. Un salvadoreño vivía en Berlín para entonces. Él, un odontólogo, lo vivió así.

Ida y vuelta

Actuar con previsión no es privilegio de los brujos de Izalco, es obligación de las autoridades de Protección Civil.

Cuando el ayote es fiesta

Lente vivo

“PRIMER ABISO”

Las palabras venían masticadas por la ansiedad:

Cuando la guerra bajó de los cerros

El cielo anunció guerra. Las balas sorprendieron a una ciudad que no imaginó tener el combate en sus barrios y colonias. Las familias se quedaron sin comida. No hubo agua, luz o teléfono. Aquel 11 de noviembre de 1989, la guerrilla llegó del campo a la capital con fusiles y bombas. Ellos y la Fuerza Armada marcaron con fuego y sangre uno de los capítulos más trágicos de la historia salvadoreña. Veinte años han pasado y algunos de sus protagonistas, desde trincheras diferentes, recapitulan el hecho y lo catalogan como clave para la salida negociada del conflicto armado.

Admiro al Tío Periquito

Cuestionario 7S

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Los pasos de los aymara

El festival autóctono de música y danza de los aymara se celebró en las montañas de Quimsa Chata, cerca del pueblo de Tiwanaku, en Bolivia. Miles fueron testigos de las danzas ejecutadas por grupos chilenos, peruanos y bolivianos. El evento se enmarcó en el equinoccio de primavera, que es el inicio del calendario andino agrícola. La fiesta, llevada a cabo en octubre, fue descrita como un acto de unión entre los representantes de la cultura aymara, quienes en tiempos ancestrales habitaron la meseta andina del lago Titicaca.

De aquí a la eternidad

El presidente Ortega ha dado un golpe mucho más ambicioso. Planea quedarse en el poder al menos hasta los 98 años de edad.

He llegado a ser odioso

Luis Salazar

El mito viaja en helicóptero

En el diccionario, mito es una narración fabulosa de la realidad. Desde hace más de 26 años, el coronel Domingo Monterrosa sobrevuela los claroscuros cielos del mito. En 1984, en pleno combate civil, murió al estallar una bomba guerrillera que iba abordo de su helicóptero. El antes y después de su muerte son narrados o descritos sin unanimidad. Celebrado o denostado. Para unos héroe; para otros, villano. Un alto líder militar o un soldado desconocido. Las narraciones sobre él lejos de apagarse —como la guerra— se multiplican, mutan, varían. Monterrosa está presente aun en tiempos de paz.

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De vivos, de muertos

Son cada vez más los que se equivocan y creen que adquirir un arma los hará sentirse más seguros.

DE NUEVO JUNTOS

Entre la vegetación multicolor, cualquier forma de vida parecía haber buscado refugio en una comarca imaginaria. Así podía testimoniarlo el hombre de desgarbada apariencia que conducía su automóvil descolorido hacia la ríspida arboleda donde estaba su vivienda. El camino de cascajo dejaba un eco crujidor al paso de la máquina. La humedad de las lluvias recientes había apagado el polvillo que en la temporada seca provocaba toses recurrentes. Al fondo, bajo la maraña más tupida, un vaho sigiloso deambulaba como los fantasmas de los bosques de otro tiempo. El vehículo se detuvo con un frenazo inútil frente a la casa que tenía todos los visos del abandono. Cuando el hombre la abrió para salir, la puerta chirrió como si no quisiera volver a cerrarse. Sacó el par de bolsas que traía y se dirigió hacia el interior.

Armados contra el miedo

¿Qué motiva a un salvadoreño a adquirir un arma? La lectura de entidades como el PNUD apunta a que una ciudadanía armada está lejos de ser la solución. Aun en este territorio, que durante el pasado mes de octubre cerró con 430 homicidios, 14 tumbas diarias. Las armas, sin embargo, han pasado a ser vistas como mal necesario para algunos desde que la pérdida de confianza en las instituciones de seguridad pública se juntó con la facilidad para adquirir una en el país. Por miedo o por coraje, hay quienes ya tienen la suya, aunque ello abone a que El Salvador siga siendo la nación más violenta de América Latina.

Rostros de la crisis

Meses después de que Jorge fuera despedido, Mathias sufrió una suerte parecida a la de aquel sudamericano.

¿Se ve paz en el horizonte?

Lente vivo

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