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Los dinosaurios

Y vio El Nerd que era bueno. Produjo entonces al Súper Betamax y al Betacam. Y luego al disco láser, al Súper VHS y al Hi-8.

Escrito por Orus Villacorta* / OPINIÓN (Desde allá) México / Va por la Chapultepec / *Periodista salvadoreño radicado en México, D.F.
Domingo, 29 enero 2012 00:00
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Para entender esta columna, voy a solicitarle que tenga la bondad de exprimir al máximo la imaginación y la tolerancia, cualidades necesarias para abordar conmigo un viaje de ida y vuelta a las exequias de la Era Mesozoica, cuando los dinosaurios debieron asumir un destino en el que dejarían de gobernar a su antojo los pastos y las aguas del tercer chirolón pulsudo del sistema solar.

 

Por 160 millones de años, los parientes de Dino –célebre mascota de los Picapiedra– impusieron su ley a diestra y a zurda. El grande se come al chico. Ninguna nimiedad. La vida –o la muerte, como tarde descubriría la Dinosauria– era desde entonces un ciclo que “gira y da vueltas y rueda girando”. Ya bien lo mencionan los célebres filósofos de Café Tacvba al cantarnos que “hay dioses que pensaron que el mundo era infinito y no hay equilibrio entre los reinos, hijo mío”. Pero su mundo no era infinito, ni ansiado el equilibrio. Un asteroide iracundo amenazaba sin blof la subsistencia jurásica. Asomaban nuevos tiempos de paradojas y ni Will Smith ni Bruce Willis nacían aún. Adapt or die, Dino mío.

 

Pero no. El acomodo nunca acudió, al contrario de las maneras puntuales del asteroide que se estrelló en la península de Yucatán. O quizás en el océano Índico. O quizás fueron varios. O talvez repentinos cambios climáticos. O puede que ninguna de esas explicaciones científicas. La cosa es que por uno o varios motivos, la extinción se ensañó con los más voraces y reacios al cambio. Había nacido una nueva era.

Y como el ciclo se repite, al séptimo día, siglos y resiglos después, El Nerd inventó al Betamax como sustituto del Súper 8 y el Umatic. Y dijo El Nerd: “sea el VHS”. Y fue la bipolaridad de la cinta de video analógico de los setenta. Y vio El Nerd que era bueno. Produjo entonces al Súper Betamax y al Betacam. Y luego al disco láser, al Súper VHS y al Hi-8. Y como El Nerd siguió viendo que todo aquello era bueno, continuó expandiéndose a los terrenos del DVD, del Mini-Disk, del DVD Doble Layer y del Blu-Ray. Rara vez El Nerd reparó en que a medida que le robaba la costilla a un formato, sentenciaba su muerte. Aquello ocurrió, básicamente, porque vio que todo lo que hacía era bueno para todos... Excepto para el sentenciado a bailar con el verdugo.

 

Nos quitaron Napster y nació Emule, Ares y Limewire. Hablar de ellos ahora es casi como volver a la Mesozoica o al origen de Fin de Semana. Lo que fuera primero. De sus costillas dieron vida a Megaupload, Rapidshare, Mediafire y una constelación de servidores disponibles en la web actual. Cualquier listillo se dará cuenta de que declarar una guerra contra los millones de nerds que en el mundo ondean la bandera de la democratización del contenido con propiedad intelectual –o propiedad embrutecida– es tan irrisoria como la de Munguía Payés versus el crimen organizado en El Salvador. ¡No hay manera! Perdiste la guerra sin montar la bayoneta.

 

Y entre tanto y tanto, Dinos han muerto. Otros mutaron y se adaptaron, como por ejemplo el comediante Louis CK, quien ha manejado un discurso desafiante a la industria del entretenimiento. Puso su producto a la venta a un precio “simbólico” para los estándares gringos (cinco dólares) y se libró de mediadores. Hasta la fecha ha ganado más de un millón de dólares con la maniobra. Se trata entonces de una industria renuente al cambio que quizás gane batallas aunque pierda la guerra, un conflicto en el que también se avecina el empuje de las huestes de ciertos Mamuts que se verán afectados. Porque si le ponen filtros a los proveedores y servidores de internet, para el beneplácito de Time Warner, MTV, Apple, las disqueras o CBS, también dañarán a Google, a Paypal, a los proveedores de internet y, en especial, a la inmensa mayoría de consumidores. Y cuesta plantearse ese escenario. Por eso, un consejo: adapt or die, Dino mío.

 

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