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Los abismos educativos

Les dije que el cuento nuevo de El Salvador comenzaba con Álvaro Menén Desleal. Sorpresa: nunca habían escuchado ese nombre.

Escrito por Manlio Argueta*
Domingo, 05 febrero 2012 00:00
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OPINIÓN (Desde acá)

Escribiviendo

*Escritor y miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua

En 1994 a dos años de los Acuerdos de Paz, tuve cierta experiencia en una de las universidades de zaguán de la época, con estudiantes de segundo año de comunicaciones. Ellos por primera vez oían el nombre de Camilo Minero, desconocían el nombre de cualquier pintor salvadoreño; apenas habían escuchado el nombre de Salarrué o de otro escritor. Uno de los 22 estudiantes dijo saber sobre Cuentos de Barro. Se justificaron molestos porque ellos no estudiaban artes. Por suerte, al exigirse las certificaciones, esta universidad fue cerrada.

Veinte años después (2012) de los Acuerdos, un grupo de jóvenes de último año de Licenciatura en Letras de una de las universidades más prestigiosas de El Salvador me entrevistaron para un trabajo del cuento joven. Les dije que el cuento nuevo de El Salvador comenzaba con Álvaro Menén Desleal. Sorpresa: nunca habían escuchado ese nombre, en pleno siglo del conocimiento, y casi licenciadas. Ante mi estupor acompañado de algún gesto, las jóvenes se sintieron avergonzadas. Les hice ver que ellas no tenían responsabilidad, se trataba de un vacío de arrastre. Este abismo educativo comenzó después del asalto y la clausura de la Universidad Nacional en 1972 y siguió al crearse universidades de cochera. ¿Dónde está la falla? ¿El sistema educativo? ¿La pobreza? ¿Las tragedias? ¿Es la guerra un argumento válido? Ustedes son las víctimas, les digo y lo creo.

Pero estas jóvenes graduandas generarán otras víctimas educativas cuando se encuentren frente a las nuevas generaciones. El abismo y las deficiencias se multiplican. Esto nos demuestra que no basta un título universitario. La profesión es vida, libro, lectura, aula abierta, innovación tecnológica y renovaciones educativas. Si la institucionalidad no responde, el Soberano tiene en sus manos la Constitución.

Este ejemplo del abismo se refiere a la literatura, pero igual debe andar en todas las disciplinas del conocimiento. Me pregunto ¿qué será de nuestros nietos o hijos que a los cuatro años manejan computadoras y buscan por sí mismos los programas de juegos didácticos aun antes de saber leer e ir a la escuela? Aprenden jugando. ¿Tendrá esta niñez respuesta adecuada de sus docentes?

No se trata de ser implacables con los jóvenes universitarios: al contrario, las propuestas de mejoría deben surgir de ellos. Con confianza en el proceso democrático deben exigir que se supere las cuatro décadas de vacíos educativos. El maná no caerá del cielo. Creo que mi conversación con las graduandas les abrió una ventanita para reflexionar sobre sus derechos a una educación para el desarrollo.

Ni guerras ni gobiernos autoritarios del pasado justifican la pasividad civil. Casi al mismo tiempo que nosotros, los padeció Brasil, y sin embargo ascendió a la sexta potencia mundial (2011). Igual ocurre con los países asiáticos hasta hace poco víctimas del colonialismo, guerras atroces y millones de pobres; ahora son magos de la economía, y se proponen convertirse en potencias mundiales en las próximas dos décadas. Su milagro se explica por invertir en educación y cultivo de mística cultural.

Como soy un optimista de la tragedia, quisiera cambiar por sueños las pesadillas, emprender transformaciones sin vencedores ni vencidos; fortalecer la musculatura cerebral, clave para borrar el tatuaje de la violencia y crear un nuevo ser salvadoreño.

La innovación educativa debe abandonar el pizarrón, el escritorio, y crear las aulas “bajo cielo”; enfocar hacia la niñez el conocimiento científico, que se vuelve vacío si no se acompaña con valores de honradez, honestidad, y tolerancia como prácticas diarias. Porque gris es toda teoría, pero verde es el árbol florido de la vida, como dice el maestro Goethe.

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Los abismos educativos - La Prensa Grafica - Noticias de El Salvador

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