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No estamos pidiendo limosna, sino oportunidades

Soltó las armas para empuñar reformas legales. Israel Quintanilla asegura haber comprendido la importancia de la lucha pacífica a raíz de los Acuerdos de Paz. Acepta haber subordinado su rol de esposo y padre por presidir la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador. Pero los frutos de su gestión siguen sin madurar.

Escrito por Una entrevista de Ronald Portillo
Domingo, 05 febrero 2012 00:00
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Fotografías de Giovanni Lemus

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royectiles iban y venían. Los gritos y las detonaciones que sitiaron el ambiente impidieron que su sentido de alerta se activara del todo. Dio un paso. El paso que más le ha quitado en toda su vida. Lo único que escuchó fue una estridente explosión. Al instante, las luces se le apagaron. Despertó en una sala de hospital, que estaba perforada por los lamentos y el dolor de las decenas de los que, como él, habían sido el blanco de balas, granadas y minas. Despertó incompleto. La pierna derecha ya no lo acompañaba.

Esa es la primera escena que se le viene a la mente a Israel Antonio Quintanilla cuando le preguntan de la guerra civil salvadoreña. Se incorporó al conflicto a los 15 años, y antes, asegura, de que el fuego cruzado entre guerrilla y ejército se encendió. “Es cierto, tengo una discapacidad, pero esta discapacidad no la obtuve por andar robando. La obtuve por unos principios que era necesario defender”, comenta como si fuera una cábala para hacer más tolerable su situación en el país donde las víctimas más directas de la guerra, que todavía viven, siguen en condiciones muy parecidas al desamparo.

Tras su lesión, Israel pasó a ser uno de los 40,000 lisiados de guerra registrados. La firma de los Acuerdos de Paz presagiaba pensiones justas, prótesis y dignas condiciones de vida para todos ellos; pero solo fueron cumplidos a medias. A 20 años de ese compromiso político, este sector representa una de las tantas deudas, con intereses acumulados, que tiene el Estado salvadoreño.

Ahora, con 52 años encima, el vicentino moreno, robusto, serio y de mirada profunda asegura seguir en “pie de lucha” ante el “no hay recursos”. Ya que el Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados a consecuencia del Conflicto Armado (FOPROLYD) suele afirmar que no puede renovar prótesis o pagar pensiones por falta de presupuesto.

Israel es el presidente de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES), institución a la que ingresó en 1998, un año después de su fundación. El problema es que esta organización sigue siendo ignorada por las autoridades, a pesar de que el Gobierno actual representa a la misma izquierda que la dio a luz. “No estamos pidiendo limosna... Estamos pidiendo oportunidades, estamos exigiendo que se cumpla la ley”, menciona casi en son de protesta, luego de asegurar que ALGES está edificada sobre una base de voluntariado.

Los lisiados de guerra siguen en medio de una eterna guerra de ideologías, y sin el amparo que se les prometió en la firma de los Acuerdos de Paz.

¿Qué representó para los lisiados de guerra la firma de los Acuerdos de Paz?

En la guerra hubo tratados como el de Ginebra, que contemplaba que una persona lisiada de guerra no tenía que ser objetivo militar. En cambio, aquí en El Salvador, hubo varios perseguidos. Muchos compañeros ya lisiados fueron ejecutados. Muchos tuvieron que estar refugiados en algún lugar. Y no recibieron una atención médica adecuada, profesional. A raíz de los Acuerdos de Paz, hubo un respiro para nosotros. Ya pudimos tener acceso a una atención médica más especializada. Muchos compañeros pudieron hasta salir del país para recibir atención médica. Eso palió un poco la situación de muchos compañeros. Lamentablemente, hasta hoy, no se han podido llenar todas las expectativas en otros aspectos. Los miembros del FMLN esperábamos que se consiguieran las diferentes transformaciones por las cuales en un momento empuñamos un arma.

¿Qué simbolizan los Acuerdos de Paz para los lisiados de guerra después de 20 años de haberse firmado?

Que tenemos espacio para decir lo que consideremos conveniente, sin temor a represión. Si una persona no está de acuerdo con un funcionario público, lo dice. Y no pasará lo que sucedió en el pasado. Uno no podía, como decimos popularmente, abrir la boca contra un militar, o contra un político, porque a los pocos días desaparecía. Falta mucho para la democratización de esta sociedad, pero se han dado pasos importantes.

¿Qué es eso que hace falta para el cumplimiento pleno de los Acuerdos de Paz?

Para los Acuerdos de Paz no se hizo el proceso que se debía de hacer. Hablo del reconocimiento de las víctimas. El duelo de los familiares por muchos desaparecidos, eso sigue pendiente. Y ahora, específicamente en nuestro sector como lisiados, no se ha cumplido a cabalidad lo que la ley manda a la institución. A este sector tenían que integrarlo a la sociedad. Tanto a la vida productiva, como a la vida laboral. Acompañarle en todo lo que tendrían que apoyarle: en materia de salud, ayudas técnicas, abrir procesos en todo lo que tiene que ver acompañamiento. Lo que hay es un acompañamiento muy insípido. Y tenemos todavía que luchar por las condiciones de los lisiados, de los padres de los combatientes caídos, de los desaparecidos.

En Argentina se derogaron las leyes Punto Final y Obediencia Debida, en busca de sanar heridas enjuiciando a los responsables de haber cometido crímenes contra la humanidad. ¿Qué tan lejos cree que está el proceso de pacificación salvadoreño, con relación al argentino, cuando sigue vigente la Ley de Amnistía?

No sé qué se debe de derogar y qué no se debe de derogar. Lo que sí es que a la luz del mundo están bien establecidos los casos que ameritan una especie de juicio. Con esto no es como dicen algunos, estar retrocediendo. No es revivir las heridas. Lejos de eso, se estaría colocando, como dicen los Acuerdos de Paz, a El Salvador como un modelo a seguir para otros países.

Desde su experiencia con el sistema legal salvadoreño, ¿qué tan distante cree que está el país de llegar a dar ese paso que dio Argentina?

Hay que retomarle la palabra al señor presidente, cuando dijo que no le iba a temblar la mano para buscar a los corruptos. Como decimos popularmente, si fueran otros gatos, ya no estarían aquí. Es lamentable decirlo, pero, hasta la fecha, la justicia en este país está débil. Es más fácil que vayás vos preso por una gallina, a que vayás preso por otras cositas.

¿Se imaginó que ustedes, como lisiados de guerra, después de estos 20 años, seguirían en las condiciones en que se encuentran?

Sí. Sabía que se nos avecinaba una situación de mucho trabajo y de mucha lucha, si queríamos lograr lo que en los Acuerdos de Paz se pactó. Si los lisiados tenemos aunque sea esto, que se mira como poco, no ha sido porque las instituciones por voluntad hayan decidido obedecer a los Acuerdos de Paz. Así es que podemos decir que, al menos, cierta cantidad de compañeros tienen una pensión.

Si pudiera medirlo en la escala del 1 al 10, ¿con cuánto calificaría las condiciones de vida que El Salvador ofrece a los lisiados de guerra?

La mayoría de compañeros, me atrevo a decir, que están entre el 4 y el 3. No tienen ni la media. Con una persona que tenga la media quiero decir que tenga asegurada su canasta básica. ¿Por qué razón? Porque hay muchos que no pueden desarrollar una actividad por su discapacidad. Dependen mucho de la pensión que en este momento el fondo les da. Y el que tiene la mayor pensión recibe $240, y la canasta básica en este país anda por los $350, no alcanza. Sin recargar colegiatura para sus hijos, ni medicamentos. Consideramos, el Gobierno tiene que asignarle más recursos al Fondo de Protección de Lisiados. Tenemos una reforma pendiente que va relacionada con la mejora en la calidad de vida de estas personas. El espíritu de la ley es ese, que el Estado sea el que garantice mejores condiciones de vida a este sector, a través de esta institución que se formó a raíz de los Acuerdos de Paz, que es el Fondo de Protección de Lisiados.

¿Bajo qué otras instancias se amparan para poder defender los derechos de los lisiados de guerra?

Hay una ley que es la Ley de Equiparación de Oportunidades que es estrictamente para todo tipo de personas con discapacidad. Últimamente, mediante la convención de Naciones Unidas, surgió también otra ley mundial que tiene que ver con las personas con discapacidad. El Salvador es firmante de esa ley. También firmó el protocolo facultativo en el que el Estado salvadoreño se compromete a ejecutar esa ley, que es una ley internacional. En estas leyes dice que se el discapacitado tiene que tener facilidades para prepararse. En este país, ni las escuelas, ni las universidades públicas ni privadas, ni los institutos son accesibles. Una persona con silla de ruedas no puede recibir clases porque a veces el aula está en el tercer nivel de un edificio, y solo hay gradas. No hay ascensor y tampoco rampas. Si hay una empresa que tiene que contratar a una persona con discapacidad, sus instalaciones no son accesibles.

Pero cualquiera podría decir, por las pocas garantías que han logrado, que ALGES no es suficiente medio de presión para asegurarle a los lisiados de guerra sus derechos. ¿Representa esto un fracaso para la institución?

No. Creo que esto no es un fracaso. La práctica nos ha dicho que a raíz del trabajo de nuestra institución hemos logrado mucho. El mismo espacio, la misma capacidad organizativa y esa vivencia que vamos teniendo del desarrollo mismo de nuestra organización, de comenzar con 400 afiliados, ahora tenemos 7,000. Eso nos dice que no es que sea un fracaso.

¿A qué le atribuye que todavía no lleguen a la meta?

Desde la firma de los Acuerdos de Paz, los gobiernos de ARENA no incluyeron en su visión favorecer a este sector, según ello, no nos lo merecemos. Hay mucha gente, y he oído a muchos políticos decir “a mí también me quemaron un carro, yo también debería ser indemnizado”. Cuando hablan de un ser humano, lo vinculan con un objeto. No ha habido una voluntad política para poder resolver el problema de este sector. No se ha querido implementar lo que siempre ha sido necesario: atención psicológica sistemática.

¿Cómo se han manifestado ante esa falta de voluntad política a la que se refiere?

Presentamos un pliego de reformas a la Asamblea Legislativa. Hemos hecho cabildeo con los diputados. Con el nuevo gobierno, hemos estado platicando con la Secretaría de Inclusión Social, para ver en términos generales la Ley de Equiparación de Oportunidades. También con la Secretaría Técnica de la Presidencia hemos hablado. Hemos hablado con algunos ministerios como el de Salud, con el de Trabajo, haciendo un montón de exposiciones sobre cuál es la situación del sector. Hasta la fecha todavía no tenemos una respuesta totalmente positiva. Siempre lo que prevalece es que no hay recursos. Pero el Estado tiene que rebuscarse. Así como se rebuscó para dar un aporte a los empresarios del transporte. Tiene que buscar alternativas para nosotros.

¿Son las marchas la única alternativa de protesta?

No. Nosotros hemos hecho marchas a la Asamblea Legislativa exigiéndole a los diputados que se nos aprueben nuestras reformas, pero también hemos hecho vigilias. Tuvimos una actividad hace como tres o cuatro años, estuvimos ahí en la plaza Cívica. Pero hasta el momento no hemos hecho actividades de cerrar un tramo de la calle, o tomarnos un kilómetro de algún lugar. No. Como ALGES nunca.

¿Qué opina de los que hacen demostraciones de sus muñones en las actividades para ejercer presión?

Esa es una de las grandes diferencias que tenemos con las demás organizaciones. Por eso hemos hecho también observaciones a la Asamblea Legislativa, al discapacitado lo ven como enfermo, digno de lástima. “Pobrecito el cieguito, el choquito, pobrecito el cutillo, el que está en silla de ruedas”. Nosotros por eso tampoco estamos de acuerdo con las organizaciones que en sus marchas se quitan la ropa para enseñar sus lesiones. No es correcto. No estamos pidiendo limosna. Estamos pidiendo oportunidades, estamos exigiendo que se cumpla la ley. Al respecto es que tenemos dos programas, en la parte agrícola y en la parte de inserción laboral, donde los lisiados y las lisiadas son capaces de hacer todo lo que esté acorde a sus condiciones físicas.

¿Cuáles han sido las situaciones más difíciles que se le han presentado durante su gestión como presidente de ALGES?

Lo más importante y más difícil ha sido alejarme de mi familia. Venía saliendo de un conflicto armado. Comenzaba a hacer una vida normal, pero me incorporé en esto. Por otro lado está el mismo debate interno con mis compañeros. Más en un proyecto como este, en el que no hay ningún beneficio personal. El debate de cómo manejar esta institución desde un punto de vista transparente, desde un punto de vista diferente a otras instituciones. Esos son problemitas que no dejan de tambalearlo a uno, y que lo pueden poner en dudas de si será cierto que tiene razón. ¿Será que yo estoy en el camino correcto o será que estoy equivocado?

Pero se suele decir, de los dirigentes de asociaciones como esta, que se valen de sus puestos para procurarse beneficios personales. ¿Cómo se garantiza que este no sea el caso de ALGES?

En ALGES ningún directivo tiene salario. Aquí todo el trabajo que se hace es voluntariado, así lo dicen nuestros estatutos. Aquí, una persona que viene a ser miembro de la directiva, lo único que tiene es más trabajo. Otro punto especial es que en esta organización a ninguno se le cobra por su condición de afiliados. Lejos de eso, rendimos informes en todos los departamentos, anualmente.

¿A quién se le rinde ese informe?

A los afiliados de los departamentos. Y de ahí, anualmente también se rinde un informe nacional. Hacemos una asamblea de delegados de alrededor de 150 delegados, de todo el país, que vienen a la asamblea nacional. Ahí se presenta la memoria de labores y es auditada por un auditor externo. Ahí está todo.

¿Al auditor externo quién lo escoge?

La asamblea de ALGES.

¿Hay una institución ajena que se encargue de fiscalizar el trabajo de ustedes?

Todas las agencias y cooperaciones mandan su auditor. Vienen a auditar todo lo que la organización recibió y cómo lo implementó, de acuerdo con el convenio que se hace del proyecto. Hasta esta fecha ALGES tiene una solvencia en cuanto a la cooperación. Estamos registrados en Gobernación y con el Ministerio de Hacienda.

¿Cree que ese trabajo administrativo merece una remuneración?

No lo hemos considerado. Desnaturalizaríamos la visión de la organización, en el sentido que puede suceder, el día de mañana, que muchas personas no vengan porque quieren trabajar, sino por algo que van a obtener.

Pero cuando hay paga, un contrato, hay funciones específicas a cumplir. ¿Ha firmado usted un compromiso legal que debe cumplir con su cargo?

Para eso están los estatutos. El estatuto lo manda a uno. Ahí está regulado todo. Ahí dice que el presidente de la junta directiva es ad honórem.

¿Da esto lugar a informalidades?

Ahí también está establecido en el estatuto. En el sentido que en los estatutos están las faltas graves y las faltas no graves. En este caso, actúa la junta de vigilancia.

Pareciera que, a pesar de la existencia de ALGES, el sector de lisiados de guerra sigue desprotegido.

En su totalidad, no. Pero sí, hace falta mucho para poder decir “misión cumplida” en todo lo que tiene que ver en materia de lisiados.

¿Y cómo es Israel Quintanilla fuera de su cargo como presidente de ALGES?

Ah, yo llevo una vida común y corriente. Hay gente que me ha encontrado y no piensa que soy el presidente de ALGES.

¿Y en su casa, con su familia?

Muy tranquilo. A mi casa llega mucha gente. Me considero responsable y no responsable. Dentro de mis posibilidades trato la manera de convivir con mi familia. Y no trato de ir a imponer. Tengo mis hijos adultos, trato de convivir con ellos, de hacer labores agrícolas con ellos. Ellos están pendientes de todo y sienten la confianza conmigo. Ya tengo nietos, y ahí me los llevo a pasear.

¿Cuántos hijos tiene?

Son cuatro, quiero ver... cinco.

¿Y las edades por las que andan ellos?

El más pequeño anda por los 13 años y el mayor tiene alrededor de 25 años.

¿Desde cuándo ellos pueden mantenerse solos?

Desde 2005 para acá ellos ya saben hacer sus cosas. Creo que saben más que yo.

Y cuando ellos estaban pequeños, así como sus nietos, cuando necesitaron un apoyo para poder sostenerse, ¿se los dio?

No. A los primeros no tuve la oportunidad. Solo con su madre tuvieron que sobrevivir. Yo andaba en otras condiciones. Estaba en todo el proceso del conflicto en este país. Después, a partir de 1992, es que comenzamos a tener una vida diferente, normal.

¿Y a qué se dedica su esposa?

Ella se ha dedicado a la cría de ganado.

¿Ella sigue solventando los gastos familiares?

Sí, ahora la balanza ya se va equilibrando un poco en el sentido de que ya los jóvenes trabajan y ellos aportan.

¿Que ella haya sido el sostén económico por un buen tiempo, y lo siga siendo, no lo hace sentirse adeudado con su familia?

Sí, pero la diferencia, lo que me hace no sentirme tan culpable, es que a muchos hombres les pasa lo mismo por andar en actividades que no son bien vistas. En mi caso no fue así. Y mis hijos ahora se están dando cuenta de que el esfuerzo, la lucha por la cual yo no estuve junto a ellos, está fructificando en los cambios que este país está teniendo. Ellos mismos dicen que tuve razón. Saben que ahora tienen los espacios que yo no tuve.

¿De cuántos años se fue a combatir?

De 15 años.

¿Y cómo era esa realidad de la que habla? ¿Por qué, si usted sabía que cuando menos iba a tener una discapacidad y cuando mucho iba a morir, decidió meterse a la guerrilla y combatir?

Creo que el planteamiento original y el pensamiento no era estrictamente ir a una guerra. Al inicio, una gran cantidad de jóvenes nos incorporamos en un proceso de hacer sentir que era necesario buscarle otro rumbo a este país desde el punto de vista negociado. Las organizaciones en ese momento se aglutinaron como el Bloque Popular Revolucionario. La idea original era hacer presión para que se comenzaran a dar pasos hacia una sociedad diferente. Con el transcurso de los años nos fuimos dando cuenta de que eso era difícil, lejos de eso había más represión. Nos convencimos de que no había manera de resolver la situación por vía pacífica.

¿Recuerda el primer combate en el que tuvo que empuñar las armas?

Cuando comenzamos a formar las unidades guerrilleras en el volcán de San Vicente, hubo un gran operativo. No tengo datos concretos, pero el ejército asesinó a unas 50 personas. En ese momento dijimos: “No, no podemos seguir de esa manera” y comenzamos a enfrentarlos.

¿Mató?

En un enfrentamiento cualquier cosa puede suceder, pero que a mí me conste, y lo digo con propiedad, no maté. Aunque hubo muchos enfrentamientos en los que al final uno no sabe qué pasó.

¿Y cree que todas esas vidas perdidas en esos enfrentamientos han sido compensadas con beneficios para los sobrevivientes?

No. Todavía hay un déficit enorme. Por ejemplo, hay familias de ambos bandos que perdieron no a uno, sino que a varios de sus miembros, y no ha habido un compensación concreta con la cual ellos se puedan sustentar. Pero todavía hay oportunidad, todavía podemos retribuir el sacrificio de esa gran cantidad de hombres y mujeres que murieron en esta guerra.

¿Cómo perdió la pierna?

Yo pisé una mina en el departamento de Usulután en un operativo que había ejecutado el ejército.

¿Cada cuánto tiempo debe cambiar su prótesis?

El fondo es el que provee la prótesis. Pero pasa que todavía el fondo no está al día. A mí me toca cambiármela cada tres años. Pero llego a buscar el cambio de prótesis porque ya no me sirve, y me dicen “no tenemos contrato, no hay dinero, no tenemos fondo para la elaboración de sus prótesis, tiene que esperar”. Y la mayoría de nosotros trabajamos en el campo. Hay gente a la que un año le dura la prótesis. Anteriormente era peor porque el plazo que daban era de cinco años. Al que no tuviera los cinco años, no le adjudicaban otra prótesis. Entonces había casos críticos en los que la prótesis la tenían amarrada con alambre, y si no, ahí andaba con la muleta trabajando. No quedaba de otra. Ahora, se ha mejorado un poco eso, pero todavía hacen falta fondos.

¿Qué tan difícil es aceptar una discapacidad?

Es bien difícil.

¿Qué es lo más difícil?

El estigma de la sociedad, la discriminación que surge desde que nos ven con una discapacidad. Pero yo creo que en el caso de los lisiados de guerra tenemos una gran ventaja. Nosotros, desde que estábamos ahí, sabíamos lo que enfrentábamos. Y sabíamos que el día de mañana o nos podían matar o podíamos quedar con alguna discapacidad. Pero nos mantenía nuestra convicción ideológica. Ahora, la meta que siempre he buscado es ver de qué manera puedo romper esas barreras, y ver en qué sentido mi discapacidad no me imposibilite hacer actividades que cualquier persona pueda hacer. Pero claro, el impacto psicológico en ese momento es complicado. No es fácil. Por eso es tan importante acompañar a este sector en su proceso de duelo.

Usted no es el sostén de su familia. Usted depende de ella. ¿No es esto lo contrario a lo que debe perseguir una persona con discapacidad?

No, porque puede haber otra persona que no tenga discapacidad y le suceda lo mismo.

Antes, ALGES solo atendía a los lisiados de la guerrilla y de las víctimas no partidarias, ¿en qué momento decidieron ofrecer su atención a los lisiados de parte del ejército?

Fue en la segunda asamblea en el 98. Se metió la noción a la asamblea nacional para incorporarlos. Antes peleamos en bandos que eran contrarios. Pero después de los Acuerdos de Paz, la lucha de todos pasó a ser la misma: que se cumpla la ley. Era necesario unirnos.

¿Se ha puesto a pensar en que quizá alguno de ellos puso la mina que le arrebató la pierna?

No. Nosotros tuvimos la apertura de incorporar a gente de la Fuerza Armada que estaba en la misma situación de nosotros: lisiados. No hemos tenido, hasta esta fecha, un encontronazo. Nunca nos hemos puesto a decir que vos sos de aquí o que yo soy de allá. Hemos estado en eventos juntos. Claro, todo mundo manteniendo su distancia para no entrar en confrontación.

¿Mantener distancia es como recurrir a la amnesia?

Dentro de nuestra asociación sí ha habido más de acercamiento, un poco más de entendimiento y un poco más de aceptación. El mismo hecho de la convivencia que en este caso tenemos nos permite ir confiando más. Vamos a cumplir 15 años como institución, y de incorporarlos, 14 años. Y hasta el momento no nos arrepentimos todavía de haber hecho esta modificación.

¿Entonces sí hay un perdón auténtico?

Consideramos que a nuestros compañeros, amigos, que están dentro de nuestras filas como ALGES, sí.

¿Cómo es la relación que ALGES tiene con FOPROLYD?

Formamos parte de la junta directiva. Anteriormente no formábamos parte de esto porque era como acompañar decisiones para atropellar a nuestro sector. No era correcto estar avalando decisiones en las que le suspendían la pensión a compañeros, o donde le estaban bajando la pensión. Ahora, con la nueva administración, tenemos una buena coordinación.

¿Hace cuánto pertenecen a la directiva de FOPROLYD?

Desde 2009. No más que tomó posesión el nuevo Gobierno. Como el presidente del fondo lo elige el presidente de la República, cuando el señor Mauricio Funes llegó a la presidencia, después, como a los seis meses, escogió a la presidenta actual y nos incorporamos nosotros a la junta directiva.

¿Y considera que las pensiones actuales son justas?

Ya no. Comenzó a funcionar el fondo ahí por el 93 o 94. A 2012 no ha habido ninguna revalorización de las pensiones. Y consideramos que es necesario hacer esa revalorización. Las pensiones son muy bajas, y el costo de la vida va subiendo cada día. Entonces ya no concuerdan.

¿Cuál es la pensión mínima que reciben sus compañeros?

De $95 es la mínima al mes.

¿Qué tipo de lesiones ameritan tener ese tipo de pensiones?

Eso médicamente lo definen, pero la persona que tiene un mínimo de discapacidad. Por ejemplo, una persona que no tenga un dedo recibe una pensión de esas. La pensión máxima anda por los $240. La reciben lo no videntes, los de sillas de ruedas, los doble amputados, porque para estas personas es necesario un acompañamiento de un tercero. Pero cómo van a poder sobrevivir, si tienen que reconocerle a ese tercero. No es fácil.

¿Cree que es justo que muchos de los compañeros con los que usted estuvo combatiendo ahora estén ganando varios miles de dólares como funcionarios, mientras usted y sus compañeros tienen que sobrevivir con pensiones de $95?

A mí me queda claro que ellos están en un puesto, y según el sistema tienen derecho a ganar ese dinero que están ganando ahora. Yo tuve claro que iba a haber disparidades. Es como que diga que muchos compañeros son abogados, ahora. Otros son médicos. Entonces, por eso yo no me voy a sentir mal porque ellos están ejerciendo una profesión. Y mal haríamos en decir “yo tengo que ganar lo mismo”. Nosotros somos conscientes de que en este caso se tiene que pagar de acuerdo con la responsabilidad de las personas. Me siento alegre de que se compruebe que no era cierto que los guerrilleros solo podían tirar balas. Se está demostrando que no era así. También había gente pensante.

¿Dejar al frente de la seguridad nacional a un militar es parte de ese cambio?

Es complicado. El espíritu de los Acuerdos de Paz está claro. A mí me pueden decir, como dice el señor presidente, que es un militar retirado. Pero es como que me digan a mí “ya no vivís con tu papá, tenés tu vida aparte”, eso no quita que es mi papá. Es como que digan que es un médico jubilado. Eso no le quita la experiencia y el conocimiento de ser médico. Y ojalá, si responden a las necesidades del pueblo, y si responden en realidad al mandato que les encomiendan, está bien, pues. Sus hechos van a dar la pauta para que el pueblo lo juzgue y ahí va a ver si la decisión que tomó el señor presidente fue la correcta o fue la incorrecta.

¿Qué lo hace sentirse satisfecho por su trabajo en esta institución?

Que siento que en este lugar, en este puesto, no me desvinculo de la visión que me impulsó a incorporarme al movimiento guerrillero. Estoy convencido de que sigo haciendo lucha.

¿Cree que el FMLN resolverá las necesidades de los lisiados antes de que termine este período presidencial?

No. Eso es ser ingenuo y no estar empapado de la realidad de este país. Póngase a pensar en que por primera vez en la historia del país tenemos un gobierno de “izquierda”. No va a resolver todo en cinco años. Es mentira. Es como que queramos extirpar un cáncer avanzado en una primera intervención. Tiene que haber un resto de intervenciones para poder retirarlo. Y si es maligno, va a ser más difícil. Lo mismo es en este caso. Hay que poner los pies en la tierra. No se puede estar soñando que con este Gobierno se van a resolver los problemas del país y de los lisiados. Hay que ir más adelante.

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