Carta editorial

La situación de Estela y su familia se parece a estar ya en un agujero. Desde ahí ven la vida pasar sin que nadie se detenga a preguntarles si están bien o si necesitan algo. Y claro que necesitan mucho. Medicinas, en primer lugar. Diagnósticos certeros, cirugías y viviendas dignas, entre otras cosas que los hagan sentir que viven en un país que se preocupa por sus ciudadanos, por todos, no solo por los que tienen tarjetas de crédito y dinero para hacerse notar a la hora de sacar las cuentas.

 

Este trabajo que presenta hoy el periodista Ronald Portillo es de los que nos llevan a esos lugares de los que casi nunca se habla. ¿Quién se detiene a pensar en la clase de vida que se encierra en una casa mixta ubicada en un cantón del interior del país? Pues ahí es en donde se esconden las más condenables injusticias que como nación podemos parir.

 

A ver, Estela y dos de sus hijos tienen mal de Chagas. Estela, al menos, está casi segura de que lo contrajo de niña, cuando veía con curiosidad las chinches llenas de sangre. Sus hijos, quizá, la contrajeron en el vientre materno. Ahora que ellos son de los afortunados que han sido diagnosticados, el médico que lleva sus casos pelea con lo que tiene por darles lo que sabe que por derecho merecen: tratamiento. Pero la cosa no es tan sencilla.

 

De este trabajo periodístico hay que destacar esa frase en la que una doctora señala que los medicamentos que podrían dar alivio a los pacientes que padecen de esta enfermedad son huérfanos. Es la palabra con la cual le da nombre a esa situación que se da cuando las farmacias deciden no ofrecer estos productos porque no se venden. La mayoría de gente con mal de Chagas no puede comprar las medicinas.

 

Entonces, la responsabilidad de darles el tratamiento es del Estado, y el Estado dice que no le alcanza para comprar esta clase de fármacos porque no caben dentro de las prioridades. En este panorama los verdaderos huérfanos son Estela y sus hijos. Están por ahí, pero ¿a quién le importa que sigan vivos?, ¿o a quién le importa la clase de vida que llevan?