Honradez: rectitud de ánimo, integridad en el obrar.

 

Instrucción: (una de sus acepciones) caudal de conocimientos adquiridos.

 

Competencia: (una de sus acepciones) pericia, aptitud, idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado.

 

Las definiciones son cortesía de la Real Academia de la Lengua, que sirven como una introducción estética para esta columna. La Constitución de este país menciona la honradez en dos ocasiones, la instrucción en seis y se extiende mucho más con la competencia: 16 veces. Esto tiene, por supuesto, una explicación bastante práctica. Honradez es una palabra que tiene un significado; instrucción y competencia, en cambio, pueden significar instruir, dar órdenes o un reglamento, en el caso de la primera, o disputa, oposición, rivalidad (comercial, deportiva o periodística) hasta incumbencia, atribución para conocer o dirimir algo o, como adorna al principio, aptitud o idoneidad (“adecuado y apropiado”) en el caso de la segunda.

 

No soy especialista en la Constitución, pero creo que los constituyentes se equivocaron en la ubicación de la honradez, una palabra tan denigrada y abusada. Se encuentra en los artículos 126 y 198. Les ahorro la búsqueda: son los requisitos necesarios para ser, respectivamente, diputados de la Asamblea Legislativa y presidente y magistrados de la Corte de Cuentas de la República. Curioso, ¿no? Los encargados de redactar y aprobar leyes y los fiscalizadores del erario público. Deberíamos dejar el plástico y los churros y comenzar a exportar leyes al primer mundo. Las nuestras son una maravilla.

 

 

La Constitución hace combinaciones interesantes. El presidente y los magistrados de la Corte de Cuentas deben ser de “honradez y competencia notorias” para poder aspirar a los cargos, elegidos, por la Asamblea Legislativa. El caso de los diputados es ligeramente diferente: parte de los requisitos, además de ser mayor de 25 años (al menos por ahora excluimos a King Flyp), es ser de “notoria honradez e instrucción”. La honradez, desgraciadamente, no está incluida en los requisitos para ser presidente de la República.

 

Algunas consideraciones de la honradez y la instrucción en la Asamblea:

—Un diputado que forma parte de la comisión para elegir al próximo fiscal general (antes de tiempo) lee como un escolar de seis años.

—Otro de los diputados de la comisión para la elección de magistrados de la Corte tiene una plaza reservada en la Fiscalía, por si se quedara sin trabajo.

—Otro toma medicinas destiladas para calmar los padecimientos.

—Otros han demostrado su instrucción con las armas disparando contra policías y colegios infantiles.

—Otros, más recientemente, han sido honrados al aceptar que repetirían las mismas ratadas que se han aprobado en el pasado en la Asamblea.

—Casi todos se quieren asegurar guardaespaldas para recordar que fueron importantes una vez que dejen la Asamblea.

—Casi todos votan por préstamos internacionales (sí, más deuda) sin leer enteros los documentos.

—Y así hasta completar un nada estreñido etcétera.

El 28 de marzo de este año la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia admitió una demanda de inconstitucionalidad que aún espera resolución. La demandante, una ciudadana como ustedes y como yo, expone lo que para ella es la ilegalidad en los nombramientos del presidente y magistrados de la Corte de Cuentas. La Constitución se refiere a los requisitos honradez y competencia pero no explica cómo estos se pueden acreditar.

 

Al margen de lo que ocurra, el precedente es interesante porque abre el abanico de posibilidades. Por ahí habrá algún abogado (o varios) con ganas de redactar una demanda dirigida a la Sala de lo Constitucional por las gracias de muchos de los diputados. La Constitución, de nuevo, no explica cómo los diputados demuestran que son notoriamente honrados e instruidos. Puedo imaginar una PAES para los candidatos a diputados: ¿Cuántos departamentos tiene el país? 15. ¿Quién fue el primer presidente del país? Maximiliano Hernández Martínez, por supuesto. ¿Su libro favorito? La Biblia. Si se animan me cuentan (ccastro@laprensagrafica.com) y la vamos a presentar.