Es la historia más antigua del mundo. Un grupo de hombres en poder de posición visitan tierras extrañas. Extranjeros con deseos de hacer lo que no pueden hacer en casa se encuentran con mujeres dispuestas a complacerlos por el precio acordado en un lugar que les parece exótico y que les abre las puertas. 

Tania practicó ese negocio antiguo como la vida misma ese miércoles por la noche cuando la heroica Cartagena de Indias estaba sitiada por la seguridad para recibir a los poderosos, en especial al más poderoso. Pero faltó un detalle. El extranjero no le pagó a Tania el precio acordado. Le ofreció apenas para un taxi que la llevara de regreso. En el ritual milenario la mujer solía quedarse callada. Sin afán de hacer de Tania una heroína, el reclamar su pago, según ella, sin saber todavía quién le estaba tomando el pelo, ha puesto en vilo al Servicio Secreto y creado un nuevo frente de escándalo para la presidencia de Barack Obama. 

También se cumplió ese milenario ritual, al parecer, en nuestro El Salvador, con la avanzada del Servicio Secreto que desembarcó antes de la llegada de Obama en marzo del año pasado. Pero no ha pasado únicamente con militares y miembros de equipos de seguridad.

“Es un secreto a voces que los congresistas han visitado prostíbulos en sus visitas oficiales a Latinoamérica y han utilizado vehículos y choferes de las embajadas para hacerlo”, me asegura Otto Reich, quien dirigió la política exterior para América Latina durante la presidencia de George W. Bush. 

“Es todavía más grave que un congresista, que sí maneja información sensible para la seguridad de Estados Unidos, a que lo haga un agente del Servicio Secreto”, me dijo. También asegura que es un secreto a voces en el servicio diplomático estadounidense quiénes son los congresistas que gustan de practicar ese antiguo ritual en sus visitas al exterior. Por mucho que el Servicio Secreto se esfuerce en presentar primero el caso de Cartagena y luego el de El Salvador como aislados, es difícil pensar que así sea.

En lugar de disiparse el escándalo es ya una bola de nieve que crece a medida que se escarba más profundo. Entonces si esta prática ha sido al parecer tan difundida, Tania fue nada más ese ingrediente que faltaba para que se saliera finalmente a la luz pública.

El periodista que reveló la noticia de la remoción de los agentes de Colombia me asegura que sus fuentes son agentes de dentro del Servicio Secreto que están preocupados por un relajamiento en las prácticas de seguridad al punto que creen que la vida del presidente Obama bien podría estar en peligro. El caso de Cartagena tiene todos los ingredientes para convertirse en un clásico de no ficción: sexo, poder, abusos, alcohol. Tiene una protagonista que de la noche a la mañana puso en vergüenza a un servicio que de secreto parece que tenía poco. 

El éxito del Servicio Secreto, más que en ser discreto y en proteger al presidente, está en hacer visible para el público estadounidense una cumbre que de otra manera no hubiera sido más que una foto curiosa de Barack Obama bajo el sol o de Hillary Clinton tomándose una cerveza en un bar de Cartagena pasada la medianoche.

La ciudad de Cartagena exige ahora una compensación a Estados Unidos por el escándalo que supuso ligar a una de las ciudades más turísticas de Colombia como destino sexual. Pero ni Tania inventó el negocio, ni los agentes del Servicio Secreto fueron los primeros en contratarla a ni a ella ni a sus compañeras.

Es la historia más antigua del mundo que miles de años después todavía genera escándalos.