Felicitaciones

 

No pude felicitarlos antes, pero creo que todavía no es tarde para decirles que les agradezco y aprecio el trabajo que han hecho para llegar a su edición 200. He apreciado mucho algunos textos de ustedes. También me han indignado y en otros casos más me han hecho llegar hasta lugares y gente que nunca pensé que podría conocer. Yo les agradezco esto y, así como lo he dicho a otras personas, no se cansen de intentar alcanzar el máximo.

Cristian Salazar / cristiansala7812@gmail.com



Por más

Me es grato saludarles en esta oportunidad y felicitarles por la edición  200 de su revista. Es segunda vez que les escribo y aprovecho para agradecerles por tan profesional, variado, imparcial, social contenido y me enorgullece comentarles que soy acérrimo lector, coleccionista suyo y que poseo casi todas las ediciones –me faltan como ocho ejemplares– de tan magistral revista. Además sus notables y polémicos temas han servido para el análisis de mis estudiantes universitarios en las asignaturas de Ética, Filosofía y Sociología. Soy asiduo seguidor de sus editorialistas de lujo: Manlio Argueta, Sergio Ramírez, David Escobar Galindo, Jacinta Escudos, el infaltable y más irónico: César Castro Fagoaga, que se ha ganado el respeto de nosotros los lectores y el crujir de dientes de los malos políticos. Sigan adelante que faltan muchos cientos de ejemplares más para nuestro deleite literario.

Aldo Francisco Hernández Aguilar  / adnmarcadohesed@yahoo.es



Se transportó

Me gustó mucho la crónica De los algodonales a Catar porque gracias a ella me pude transportar hasta donde se dio la plática entre Franco Panameño y Carlos Chávez. Fue interesante relato y minucioso. Historias como estas hacen que el domingo sea diferente. Además, fueron muy buenas fotos, Víctor Peña.

Miguel Flores / flores_micky@hotmail.com



Un gran ejemplo

A don Franco solo le hacen falta las alas para echarse a volar eternamente. Y de seguro que así lo hiciera pues su experiencia lo convierte en un filósofo de las alturas. Su historia me remonta a una obra de Richard Bacht titulada Juan Salvador Gaviota. Esta describe a un ave que quería trascender y llevar a la perfección el vuelo, un planeo libre, sublime como ninguna gaviota lo había hecho antes. Al igual que este personaje, don Franco ha ido más alto que el propio techo que baña nuestras sienes pasando de un fumigador algodonero a un maestro que reparte su sabiduría a jóvenes pilotos que hoy extienden sus alas mas allá de nuestras fronteras. Pero sin duda alguna es su edad el más valioso tesoro que lo convierte en lo que en verdad es: un piloto con alas propias, un conquistador del cielo terrenal.

Gerardo Martínez / gerardo_dj73@hotmail.com



Las plantas

Me gustó mucho la columna de Jacinta Escudos acerca del mundo de las plantas. Es sabido por todos los pueblos el poder e importancia de las plantas. Aun ahora, en muchos lugares, las plantas –en especial las medicinales– son tomadas muy en cuenta. Además, aún se siguen descubriendo propiedades de las plantas ya sea para fines médicos o medicinales. Esto solo es una muestra de que en este planeta estamos conectados todos los seres vivos. Pero a la raza humana se le ha olvidado que somos parte de un sistema de vida en el que si falta un eslabón –en este caso las plantas– no podemos sobrevivir. Así que a cuidar lo poco que aún nos queda y si podemos plantar y cuidar un árbol o una planta, hagámoslo. Y así como la Madre Tierra nos proporciona todo para sobrevivir, así es el amor de una madre, no importa la edad que tengamos. Para ellas siempre seremos unos niños. Las madres del asilo Sara Zaldívar por lo menos tienen un techo donde estar “tranquilas”, pero lo que más desean es que los hijos que aún tienen vivos se acuerden de ellas. Le doy gracias a mi Dios porque aún tengo viva a mi madre. No entiendo cómo un hijo puede dejar en la calle a su progenitora, espero que al menos las ancianitas tuvieran un lindo Día de la Madre.

Imelda Guadalupe Alvarado / ialvaradobatres@yahoo.es 

Más educación

Parece inminente que el destino de los mayores que formaron a su prole y que por vicisitudes del destino no proyectaron una vejez viable, sea el de terminar en un asilo. Me enseñaron que si propuse en la vida el educar a mis descendientes, no sería posible que estos me negaran techo y salud en mi longeva etapa. En los tiempos cambiantes de hoy, las personas de tercera edad solo son vistas como molestias y consumidores de dólares para su salud. Debería de haber más educación para disfrutar de la juventud proyectada hacia una vejez sana y segura en todos sus aspectos.

Daniel Molina / danmolina029@gmail.com

 

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