Este 1.º de junio se cierra el tercer año de gobierno del presidente Mauricio Funes. Una época que generalmente se marca con la preparación de los partidos para las próximas elecciones, con el distanciamiento de los partidos de sus funcionarios, con las acusaciones de partidos, los señalamientos de errores de posibles candidatos presidenciales, con las aspiraciones de otros de llegar a ser candidatos y una lista interminable de iniciativas que promoverán las diferentes bancadas legislativas y el Ejecutivo.

De lo que sí se hace poco en este tiempo es una verdadera reflexión de lo que se ha hecho en este periodo de Gobierno, de lo que falta por hacer y los proyectos a los que se les debe dar continuidad a corto y largo plazo y a aquellas iniciativas que no funcionan y es mejor terminar con ellas ya. 

Tres años es un buen momento para que todos mediten sobre lo que se está haciendo, tanto el Gobierno como los partidos políticos, organizaciones sociales y la población deben de entrar en este esfuerzo de evaluar el rumbo del país y definir hacia dónde se quiere que el país camine. 

LA PRENSA GRÁFICA publicó este jueves los resultados de su última encuesta donde revela que la población realmente no se ha inclinado por ningún partido político de cara a las próximas elecciones presidenciales, algo que a mi juicio es un buen principio. 

Con una preferencia del 28.8% por ARENA y un 26.1% por el FMLN, se puede decir que las cartas no están echadas a favor de nadie y le da a la población una oportunidad de verdaderamente reflexionar y razonar su voto. De igual manera le da a los partidos un momento óptimo para definir sus propuestas y decidir quién va ser el candidato que, al parecer, en estas elecciones podría ser lo que termine decantando a los salvadoreños a la hora de votar, igual que en otras ocasiones. 

La clase política tiene un verdadero reto para estas elecciones porque, aunque bien es cierto que la balanza no esta inclinada al favor de nadie, todavía hay que convencer a esos indecisos y, más aun, a los desencantados. 

Este es el caso de Edelmira García, una salvadoreña radicada en Estados Unidos que ha perdido la esperanza en la clase política del país.

“¿Tres años? ¿Ya pasaron tres años? No parece”, dice la salvadoreña originaria del puerto de Acajutla, que limpia oficinas en Emeryville, California, una ciudad que queda a tan solo 14 millas de San Francisco.

“Yo no he visto ningún cambio, para mí todo es igual, yo siempre tengo que mandar dinero para mi mamá y mis hermanos allá en El Salvador. Si yo no les mandara, a saber cómo estuvieran”, asegura esta mujer que tiene siete años de estar en Estados Unidos y quien afirma que en este tiempo no le ha dejado de mandar la remesa a su familia. 

Quien sea el candidato o el partido que vaya a ganar las próximas elecciones presidenciales es algo que a Edelmira le ha dejado de preocupar: “Me da igual, quién gane o quién pierda las elecciones. Siempre es lo mismo, nada va a cambiar para mí o para mi familia”.