China es una potencia mundial en gimnasia. Sus éxitos están basados en un programa de entrenamiento en el que la mística militar, el dolor y la presión son ingredientes infaltables. Y los que entrenan son niños, a algunos los han sacado de la parvularia. Los centros de alto rendimiento deportivo de Shenyang y Chichahai son cunas de medallistas. A las puertas de una nueva edición de Juegos Olímpicos, China se prepara para poner a prueba su estrategia una vez más.