Una belleza

“Pareciera que todos los caminos me llevan a Berlín, porque el destino siempre encuentra el modo de hacerme volver”, escribía Jacinta Escudos en julio de 2010. Y en septiembre de 2009 nuestra insigne escritora relataba allí mismo, con increíble nostalgia, el primer día de su exilio a Alemania, patria de su madre y de sus abuelos, una crónica tan apasionante como la “Pequeña biografía de una gata”. Gracias, Jacinta, por contarnos un poco más de su “Berlín transformada”.

José Carlos Sibrián   carsibri@hotmail.com

Instintos de caza

Los felicito por darnos a conocer los mil y un problemas de nuestro país y del mundo. M e encantó el reportaje sobre el parque Montecristo que, para  El Salvador,  es la vida. Ojalá que Guatemala y Honduras se preocupen por proteger esa área. El Ministerio de Medio Ambiente debería ser más estricto con todos los que viven ahí. Ellos no tendrían que dejar que la gente tuviera tantos perros. Los perros, en el campo, despiertan sus instintos de caza y arrasan con todo lo que se mueva y se pueda comer. Yo he sido testigo de eso.

Teresa Melara maquilishuat.cmp@gmail.com 


Un poco de comprensión

Hablar de medio ambiente en nuestro país es como querer redactar una imposible acta de independencia de la flora y la fauna. Se dice y se crea lo imposible para querer reactivar nuestro medio ambiente, pero al final nada se hace. Menciono el eterno e irreparable uso de la leña para la gente de escasos recursos. ¿Cómo entenderá esta gente que esos terrenos donde recogen leña deben ser sostenibles para que se beneficien y no arruinen el medio ambiente? Es bien sencillo: mientras no se les mejore su nivel económico, jamás entenderán lo sostenible por mucha propaganda que les presenten, ya que su necesidad está de por medio. Les sugiero que hagan un reportaje de los cerros color “pelones” de nuestro país para que las personas se den cuenta de lo que pasa.

Daniel Molina danmolina029@gmail.com 


Muy tarde

“Tras el  balance de Montecristo” titula su reportaje Ronald Portillo, quien describe los aprietos que pasan las familias residentes en la zona del Trifinio para sobrevivir, y no menos los docentes que laboran en aquel lejano sector. Los escasos pulmoncitos que le han quedado a uno de los países más deforestados del mundo son verdaderos oasis que guardan en lo recóndito de sus entrañas las últimas especies de nuestra fauna y flora, así como las penurias que soportan las familias que allí habitan. 

Estos moradores son “colonos”, condición que en nuestros días no suena muy armoniosa, aunque hay bastantes inquilinos en esta categoría en fincas y haciendas. No obstante, el alivio ambiental que esas franjas nos ofrecen es  indiscutible, a pesar de que nunca aprendimos a cuidar y a amar a esa naturaleza que hemos destruido con nuestra conducta perversa y la falta de aplicación de las leyes. Si se hubiera cuidado la relación hombre-naturaleza como se hacía en tiempos primitivos, hoy día tendríamos una biosfera más benigna para nuestro propio bienestar. Así es nuestra cultura, le falta casi de todo y nos damos cuenta hasta que aparecen las catástrofes.

Julio R. Magaña Salinas  jrobertomasa@hotmail.com



Depende de nosotros

Las tierras de Montecristo aún tienen un ángel guardián en este país mundano, contaminado y sobrepoblado. Aunque esta zona sea decretada como una reserva de biosfera compartida con nuestros vecinos centroamericanos, los pobladores y nosotros mismos aún no comprendemos cómo vivir en equilibrio y en armonía con la naturaleza, ya que nadie nos ha enseñado a no comernos la flora nacional, a no talar los últimos bálsamos de las cordilleras, a no matar cusucos, garrobos, tortugas y todo lo que sea comercialmente consumible. 

En lo que respecta al cuidado de nuestro ecosistema, somos una vergüenza de apáticos que no miden consecuencias ni ven como un atentado el hecho de acabar con nuestro pedacito de tierra. Es cierto que no somos los máximos contaminadores del planeta, no devoramos la materia prima ni llenamos nuestra atmósfera de gases más que países como China, Estados Unidos, India y los demás de primer mundo, pero en nuestras manos está erradicar el mal del consumismo, la mala costumbre de arrojar la basura a la calle, de exterminar especies casi desaparecidas y reforestar los lugares que antes destrozamos. 

El mal de nuestro país no está solo en los proyectos de muerte que seducen a la empresa privada para sacar una jugosa ganancia, pues nosotros nos hemos convertido también en el mayor atentado para la tierra que nos vio nacer. Debemos fomentar la conciencia ecológica y exigir leyes que en verdad resguarden nuestros recursos antes de que nos quedemos sin agua, sin aire puro, sin árboles y, por ende, sin una esperanza de vida. 

Gerardo Martínez gerardo_dj73@hotmail.com


Alto a los vicios

Vicios: satisfacción pasajera para el cuerpo y la mente con consecuencias mortales, felicidades a Carlos Chávez por tan importante crónica. Es un llamado a los jóvenes, incluido Carlos, para salir a tiempo del vicio del cigarro antes de que les cause efectos irreversibles de salud como a los adultos mencionados. Es importante que se toque el tema para seguir con iniciativas como los grupos de alcohólicos y narcóticos anónimos, donde estoy seguro se encuentran casos iguales o más duros que los presentados, donde los daños físicos y morales ya no son personales sino que inciden directamente en familiares y compañeros del adicto.

Roberto Cristales chobecristales@yahoo.com

 

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