El verdadero cambio (Por Jacinta Escudos)
Escrito por Jacinta EscudosDomingo, 31 mayo 2009 00:00
Opinión
Gabinete Caligari
Hay algunas palabras que desde hace varios meses, cada vez que las oigo, sufro los síntomas de un empacho digestivo. Una de ellas es “cambio”.
La palabrita se puso de moda cuando los asesores políticos de Barack Obama le aconsejaron usarla como lema de campaña, primero para lograr ser el candidato presidencial demócrata y luego para ganar la presidencia de Estados Unidos. “El cambio que necesitamos”, “cambio para la gente”, “cambio en el que podemos creer” y “Vota por el cambio” fueron algunas de las variantes y combinaciones con las que se usó la palabra durante su campaña. La promesa del cambio en una sociedad cansada de guerras, infortunios hipotecarios, recesión económica y otras desgracias logró seducir a los votantes de manera masiva, con los resultados que ya todos conocemos.
Desde entonces no han faltado los candidatos y partidos políticos de otros países que adoptaron la misma promesa. Lo curioso es que la palabra ha sido ocupada por diferentes corrientes políticas, esperanzados en que al invocar un cambio se garantice un triunfo electoral. Como si su sola mención fuera una fórmula mágica, un talismán de la buena suerte. Dicha promesa tampoco faltó en la última campaña electoral salvadoreña.
Los asesores de Mr. Obama sabían muy bien lo que hacían. Porque ¿quién no está cansado del oscuro panorama que está viviendo la humanidad? Estamos cansados de la criminalidad, de la violencia y de la inseguridad con la que convivimos a diario. Cansados de trabajar cada día más y ganar cada vez menos, sin ver mejoría alguna en nuestra calidad de vida (eso quienes tienen el privilegio de tener un empleo). Cansados de los escándalos políticos y financieros. De la impunidad y la corrupción. Cansados de guerras, de pandillas y de mafias. Cansados de la desesperanza, de las confusas perspectivas de futuro. Pero lo que seguramente nos tiene más cansados es ver que “nadie hace nada” y que la cosa, lejos de mejorar, empeora. ¿Quién no querría que todo esto cambiara?
Quizás por eso nos aferramos, con mucha ingenuidad, a las promesas de los políticos y pensamos que un candidato va a lograr cambiar el estado actual de cosas. Pero me parece que perdemos de vista algo muy obvio. Y es que no podemos esperar que otros, ni mucho menos “el papá gobierno”, solucionen siempre todos nuestros males y problemas.
El tan anhelado cambio que añoramos ver en nuestro país es una tarea de todos y no algo exclusivo de un partido político. El trabajo no terminó ahí, con la sola emisión del voto. No significa que ahora nos vamos a arrellanar en nuestros sillones a ver cómo el nuevo gobierno obra un acto de magia en los primeros 100 días. En realidad, la tarea apenas comienza.
Desafortunadamente he leído y escuchado opiniones de algunos exaltados cuya actitud no es alentadora. Gente con resentimientos bastante añejos que habla de venganzas, gente que habla con mucha rabia en contra de algunos sectores de la población. Gente que mentalmente sigue viviendo en guerra y que sigue encontrando enemigos en todas partes.
Se les olvida que un gobierno sirve para administrar los bienes estatales en beneficio del común de la población y que la política es, a fin de cuentas, una función de servicio público y no una plataforma para consumar desquites o conseguir favores personales.
Jamás lograremos un cambio en las estructuras sociales y estatales si las asumimos y enfrentamos con los mismos defectos y la actitud negativa del pasado. Si alguien toma un cargo de gobierno con ganas de aprovecharlo para venganzas personales, para demostrar que los funcionarios anteriores estaban equivocados, para favorecer a familiares y compañeros partidarios, si alguien piensa que va a gobernar para beneficiar a un sector de la sociedad y humillar al resto, si alguien asume una posición pública con la intención de perpetuarse en el poder, entonces ¿qué estaría cambiando? ¿No sería más de lo mismo?
El cambio puede ocurrir y no es algo imposible. Pero no podemos sentarnos a esperar que los demás lo hagan primero. El cambio comienza por cada uno de nosotros, de manera individual. Porque si cada uno de nosotros no cambia, todo va a continuar igual o va incluso a empeorar. Porque si todos continuamos prolongando nuestros miedos, rencores y arrogancias, si continuamos aferrados a nuestra avaricia y frivolidad, si continuamos a la defensiva, comportándonos de manera agresiva y prepotente, si somos cínicos o indiferentes y preferimos no hacer nada, ¿qué es lo que va a cambiar?
Ese es el motivo por el cual ningún régimen político triunfa plenamente, el motivo por el cual la gente se decepciona de sus gobernantes, de las instituciones, de casi todo lo que le rodea. Porque proyectamos nuestros deseos de ver y hacer algo diferente, pero no hacemos nada a nivel personal para lograr que las cosas cambien.
Pero mañana será otro día. Un día nuevo. Cerramos un círculo y abrimos otro. No sabemos qué se escribirá en ese capítulo de nuestra historia que estamos por comenzar a vivir. Pero ojalá que sean páginas de auténtica paz, sabiduría, reconciliación y progreso. Eso es lo que nos deseo.
Mahatma Gandhi lo resumió muy bien: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Y mañana tenemos la oportunidad de comenzar a ser y hacer ese cambio que queremos ver en El Salvador. Para luego es tarde.














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