El odio al nopal (Por Orus Villacorta)
Escrito por Orus VillacortaDomingo, 31 mayo 2009 00:00
(Desde allá –México–) OPINIÓN
Va por la Chapultepec
Orus Villacorta *
* Periodista salvadoreño radicado en México
No hay pinza que me arranque los recuerdos de mi infancia feliz y callejera. Recuerdo bien cómo “el Zurdo” Rosales me enseñó a tapar con el guante al sol en un “fly ball” escondido en aquel cielo del mini-estadio de béisbol de la colonia Zacamil. Recuerdo a mi papá enseñándome a bajar mangos sin que las pedradas cayeran en la casa del vecino. Recuerdo tantas cosas... Lo que no recuerdo bien es quién me enseñó a odiar a México en el fútbol. Alguien debió hacerlo con ahínco, porque lo hago muy bien. El asunto es: ¿quién?
Encontrar al porqué se me hace más sencillo. Sé que cuando un balón de fútbol empujado por once ratones verdes mete gol en estas dos pupilas brota el rencor de manera inconsciente. Habrá quizás razones que solo Freud me podría explicar y que se han ido acumulando hasta construir esta aversión pipil al nopal: podría ser la afirmación de Hugo Sánchez de que en Centroamérica jugábamos fútbol con pelota cuadrada; la joroba del “Cuauh” y su celebración plagiada a Kiko Narváez; el ninguneo eterno de los periodistas deportivos tricolores cuando se dan cuenta que al sur de Tapachula hay un mundo; y quizás hasta su ridículo “Chiquiti bum a la bim bom ba” tan distante, tan cursi.
Si odiar nacionalismos se me da tan fácil, ¿por qué no aferrarme al placer que me da odiar uno ajeno? Incluso el de este país en el que me encanta vivir. Complicado, ¿no? Me encanta vivir aquí y vivo odiándolo en el fútbol. Créanme, intentar explicárselo a mi suegro –de ancestros hidalguenses– en una cena familiar sin que parezca que estoy enjuiciando a Cantinflas es bastante lioso.
Le hablo siempre del martirio y la persecución que viven nuestros migrantes en su país. Pero seamos sinceros, el odio al nopal va más allá de eso. Algo tendrá que ver David apedreando a Goliat, el mundial del 70 y otros complejos irracionales que alguien nos contó.
Y entonces, un día a la Barra Azul se le ocurre insultar a los mexicanos al usar un “tapabocas” mientras suene el himno azteca –si es que no suena el de Zacatecas–. En México, lógico, esto no ha caído en gracia. En mí lo que no causó gracia es que los creadores de esta idea fueran tan pusilánimes de no llamar a las cosas por su nombre. Dijeron que era “meter presión” a lo que a todas luces es “un insulto simbólico”, pero insulto al fin. Si se odia, hay que saber odiar bien: con un poco de estilo y sí, con huevos también.
México tampoco será un querubín con los guanacos el próximo 10 de octubre. Que no se les olvide que un periódico chilango sacó a la venta “muñecos vudú” alusivos a los rivales del tricolor –para ser quemados y torturados– bajo el eslogan de “Libera tu estrés, no te claves y dale suerte al Tri”.
Este próximo 6 de junio le ofreceré al dios romano Fortuna un cambalache: dos goles de Cristian Castillo y triunfo azul a cambio de una deportación deshonrosa... Me la juego con todo y tapabocas, al fin y al cabo hay trenes.
















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