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Los niños de la tragedia

Escrito por Óscar Leiva
Domingo, 15 noviembre 2009 00:00
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 “Se murió una niña de mi grado”Karla Serrano, de siete años, contó que no dejaba de llover. “Las casas estaban quebradas, la correntada se llevó a unos señores. Se llevó a Xiomara y no la han hallado.”

“Se murió una niña de mi grado”Karla Serrano, de siete años, contó que no dejaba de llover. “Las casas estaban quebradas, la correntada se llevó a unos señores. Se llevó a Xiomara y no la han hallado.”

 Cristian, el sobreviviente Cristian Martínez, de nueve años, relata que despertó cuando ya iba en el lodo. Lo arrastró unos 50 metros lejos de su casa, ubicada en una colina en San Martín. Su hermana Karen, de 11, murió. Su madre quedó paralítica.

Cristian, el sobreviviente Cristian Martínez, de nueve años, relata que despertó cuando ya iba en el lodo. Lo arrastró unos 50 metros lejos de su casa, ubicada en una colina en San Martín. Su hermana Karen, de 11, murió. Su madre quedó paralítica.

 En la zona de desastreLilian Raquel Parada Hernández, de nueve años, dibujó sus vivencias en el lugar en que una vez estuvo la casa de sus familiares. Se mostraba sorprendida por la destrucción que causó el río de piedras en Verapaz.

En la zona de desastreLilian Raquel Parada Hernández, de nueve años, dibujó sus vivencias en el lugar en que una vez estuvo la casa de sus familiares. Se mostraba sorprendida por la destrucción que causó el río de piedras en Verapaz.

 Deslave en Las Delicias.  “Aquí, nuestra casa se está inundando. El vecino se salió porque ya la suya se iba a derrumbar. Aquí, están los de la Altavista, que nos intentaban ayudar. La mamá de Cristian solo sacaba la manita, su hermanita se murió.” Jackeline Marroquín, de ocho años, residente de San Martín.

Deslave en Las Delicias. “Aquí, nuestra casa se está inundando. El vecino se salió porque ya la suya se iba a derrumbar. Aquí, están los de la Altavista, que nos intentaban ayudar. La mamá de Cristian solo sacaba la manita, su hermanita se murió.” Jackeline Marroquín, de ocho años, residente de San Martín.

 Testimonio dantescoRosisela Rodríguez, de ocho años, dibujó enormes piedras que caían sobre las casas de Verapaz. Es de pocas palabras, pero sus dibujos hablaron por ella. Los pocos colores oscuros que escogió indican miedo, según el psicólogo de León.

Testimonio dantescoRosisela Rodríguez, de ocho años, dibujó enormes piedras que caían sobre las casas de Verapaz. Es de pocas palabras, pero sus dibujos hablaron por ella. Los pocos colores oscuros que escogió indican miedo, según el psicólogo de León.

 Sin hogar.  Las hermanas Marisela y Alicia Orellana andaban buscando sus pertenencias en el lodo. Dibujaron en lo que fue su refrigeradora. Atrás se ve la que era su casa en la comunidad Dos Puentes, San Vicente.

Sin hogar. Las hermanas Marisela y Alicia Orellana andaban buscando sus pertenencias en el lodo. Dibujaron en lo que fue su refrigeradora. Atrás se ve la que era su casa en la comunidad Dos Puentes, San Vicente.

Río de piedras  Francisco de Jesús Meléndez, de seis años, dibujó el río de piedras que arrasó Verapaz. “Aquí hay muertos”, dijo. Detrás del Chichontepec, dibujó un esperanzador sol.

Río de piedras Francisco de Jesús Meléndez, de seis años, dibujó el río de piedras que arrasó Verapaz. “Aquí hay muertos”, dijo. Detrás del Chichontepec, dibujó un esperanzador sol.

  “La gente iba en el charcal” Wendy Montoya, de nueve años, dibujó la corriente que pasó detrás de su casa. Cuenta cómo algunos vecinos sobrevivieron en Verapaz. De León asegura que para ayudar a los niños hay que trabajar primero con la comunidad.

“La gente iba en el charcal” Wendy Montoya, de nueve años, dibujó la corriente que pasó detrás de su casa. Cuenta cómo algunos vecinos sobrevivieron en Verapaz. De León asegura que para ayudar a los niños hay que trabajar primero con la comunidad.

 Desamparo José Andrade, de 11 años, ayudaba a su familia a sacar lodo de lo que era su cuarto. “Perdí mi ropa y mis zapatos, se los llevó el río”, contó. Su casa estaba en la comunidad Dos Puentes, San Vicente.

Desamparo José Andrade, de 11 años, ayudaba a su familia a sacar lodo de lo que era su cuarto. “Perdí mi ropa y mis zapatos, se los llevó el río”, contó. Su casa estaba en la comunidad Dos Puentes, San Vicente.

 La muerte de un pueblo“Aquí sale que a las personas se las lleva el río. Aquí salen los chulones que se ven en el cerro. Aquí cayeron los palos, aquí va una vaca muerta y la gente”, explicó Ronald Ulises Serrano, de 10 años, habitante del cantón San Francisco, en Verapaz.

La muerte de un pueblo“Aquí sale que a las personas se las lleva el río. Aquí salen los chulones que se ven en el cerro. Aquí cayeron los palos, aquí va una vaca muerta y la gente”, explicó Ronald Ulises Serrano, de 10 años, habitante del cantón San Francisco, en Verapaz.

 Traumas“Hay que explicarles en términos de niños la pérdida. Podemos ayudarlos con juegos, dinámicas, abrazos. Hay que darles seguridad. Si quieren gritar, llorar y romper cosas, hay que darles espacio”, explica De León.

Traumas“Hay que explicarles en términos de niños la pérdida. Podemos ayudarlos con juegos, dinámicas, abrazos. Hay que darles seguridad. Si quieren gritar, llorar y romper cosas, hay que darles espacio”, explica De León.

   Una noche de lutoJonathan Serrano, 13 años: “Venía la lava ‘aguaria’, venía arrastrando gente. Los carros estaban hundidos. Ellos llevan a sus familiares porque están muertos. A una tía y a un primito se los llevó la correntada y todos raspados quedaron. Están vivos”.

Una noche de lutoJonathan Serrano, 13 años: “Venía la lava ‘aguaria’, venía arrastrando gente. Los carros estaban hundidos. Ellos llevan a sus familiares porque están muertos. A una tía y a un primito se los llevó la correntada y todos raspados quedaron. Están vivos”.

  “Eso nunca lo voy a olvidar yo, eso fue feo”Ramiro Alfredo Montoya, de 13 años, dibujó la escena que vivió en su vivienda, la cual fue atravesada por la correntada. “Dos minutos teníamos de haber salido del cuarto cuando se cayó todo. El cuarto donde yo dormía se llenó de tierra. Todo lo perdí.”

“Eso nunca lo voy a olvidar yo, eso fue feo”Ramiro Alfredo Montoya, de 13 años, dibujó la escena que vivió en su vivienda, la cual fue atravesada por la correntada. “Dos minutos teníamos de haber salido del cuarto cuando se cayó todo. El cuarto donde yo dormía se llenó de tierra. Todo lo perdí.”

   “Pasó como una agua negra”“Por la comunal salió toda la gente refugiada de todas las casas. La cancha casi se la lleva. Un padrino de mi papá murió”, relata Samuel Montoya Molina, de 11 años, habitante de Verapaz.

“Pasó como una agua negra”“Por la comunal salió toda la gente refugiada de todas las casas. La cancha casi se la lleva. Un padrino de mi papá murió”, relata Samuel Montoya Molina, de 11 años, habitante de Verapaz.

 “Están llorando”“Dibujé a unas personas trabadas en unos palos, estaban vivos. A los muertos los llevaban en hamacas. Estaban todos golpeados”, explicó Karen Serrano, de 12 años, residente de Verapaz.

“Están llorando”“Dibujé a unas personas trabadas en unos palos, estaban vivos. A los muertos los llevaban en hamacas. Estaban todos golpeados”, explicó Karen Serrano, de 12 años, residente de Verapaz.

 Fuerte impresión“Con dibujos, ellos hablan de una situación que no comprenden. Los conceptos de muerte, ellos no los tienen asimilados. Hay que entender que son niños que tenían un cobijo y ahora no tienen nada”, explicó el psicólogo Mario de León.

Fuerte impresión“Con dibujos, ellos hablan de una situación que no comprenden. Los conceptos de muerte, ellos no los tienen asimilados. Hay que entender que son niños que tenían un cobijo y ahora no tienen nada”, explicó el psicólogo Mario de León.

 Fuerte impresión“Con dibujos, ellos hablan de una situación que no comprenden. Los conceptos de muerte, ellos no los tienen asimilados. Hay que entender que son niños que tenían un cobijo y ahora no tienen nada”, explicó el psicólogo Mario de León.

Fuerte impresión“Con dibujos, ellos hablan de una situación que no comprenden. Los conceptos de muerte, ellos no los tienen asimilados. Hay que entender que son niños que tenían un cobijo y ahora no tienen nada”, explicó el psicólogo Mario de León.


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