El mayor daño
Escrito por Glenda GirónDomingo, 15 noviembre 2009 00:00
Carta del editor
El fin de semana pasado, el país enfrentó una de las peores crisis del año. El paso de una baja presión, con incidencia del huracán Ida, causó más de 160 personas fallecidas e innumerables daños materiales.
Ante lo sucedido, con vergüenza, con dolor, con respeto, tenemos que reconocer que la culpa no fue de la naturaleza, no fue la cantidad de lluvia. No podemos excusarnos en un fenómeno climático de algo que por todos lados lleva metida la mano del hombre. Las zonas vulnerables están ahí siempre, solo que, cuando brilla el sol, se vuelven invisibles, como bien dice César Castro en su columna. En un país en donde la prevención prácticamente es inexistente, no podemos esperar más que desgracias como la que vivimos. Y lo que falta, porque aun cuando en este momento tengamos las calles partidas, las casas destruidas y los lutos en carne viva, no es ahora que veremos el mayor daño.
Más allá de los albergues y la ropa que les podamos regalar, ¿cómo puede alguien responder a los niños que han perdido casa, familia y todo el mundo que conocían? Son niños que con trazos de crayola han recreado el momento justo en que una correntada de lodo repartió muerte y destrucción en su barrio. Son niños que han salvado la vida, pero que tendrán que cargar por siempre con las secuelas de este enorme trauma. Este es el daño de Ida. Nos ha dejado generaciones marcadas, rotas. Nos ha dejado la responsabilidad de no olvidar, de no dejar a estos niños sepultados cuando llegue la siguiente tragedia. Y este es el tema principal de esta edición.
Esperamos que la disfrute, es para lectores como usted.














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