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Lodo en los ojos

Escrito por César Castro Fagoaga / Periodista radicado en México
Domingo, 15 noviembre 2009 00:00
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(Desde acá) OPINIÓN

Me gusta cuando callas

 

Hay seres humanos que solo son visibles cuando ya están muertos. A esos seres humanos, por supuesto, les sirve de muy poco que los miren en ese estado, básicamente porque no se dan cuenta. Sus familiares, en cambio, podrán sentir menos pesar con las muestras de cariño o incluso podrán reparar sus casas con ayuda económica. Porque el dinero, hasta las últimas investigaciones científicas, aún no puede traer de vuelta a los muertos.

 

No es una exclusividad de El Salvador. Como tampoco lo fue en Nueva Orleans con Katrina. Quizá sea un remanente de nuestro pasado ligado a los árboles, cuando los tiempos eran más difíciles y resultaba complicado preocuparse por el otro, donde el hombre, o el mono, era el lobo del hombre. Aunque probablemente me equivoque y el hombre siga siendo igual de lobo y aquel gen que nos impide visibilizar a algunos de nuestros iguales solo se disipa cuando llegan las catástrofes.

 

La tormenta del sábado 7 nos pilló a todos por sorpresa. Estaba en El Salvador, vestido con saco y sin corbata, en la recepción de la boda mi hermano mayor. Lo que comenzó como una lluvia propia de mayo se convirtió en un fenómeno que no recuerdo haber presenciado nunca. Agua sin parar toda la noche, agua que se metía por las grietas de las paredes y que formaba charcos dentro de la pista de baile, debajo de las mesas y alrededor de todo el lugar. Lodo, mucho lodo, y los vestidos y los bajos de los pantalones que dejaban de estar limpios y se teñían de marrón sucio. La electricidad se cortó, los aludes sepultaron varios tramos de la carretera y no hubo manera de abandonar los Planes de Renderos en dirección hacia San Salvador.

 

Al día siguiente tuvimos las primeras noticias de lo sucedido. Había un pueblo entero soterrado, más de cien personas fallecidas, mucho desastre. Y miedo. No sé lo que tuve que haber hecho, solo sé lo que hice. Y fue no hacer nada. El domingo 8, según avanzaban los noticieros, comprobaba que esas pocas horas de lluvia se habían cebado al país en mucho menor tiempo que otros huracanes que nos visitaron previamente. Escuché al director de Protección Civil decir que no esperaba algo así. Escuché lamentaciones, peticiones de ayuda.

 

La indiferencia de las autoridades, la negligencia de los políticos, su falta de previsión o el oportunismo durante las emergencias casi siempre son más catastróficos que los huracanes. Después de varios días, sin embargo, me he preguntado si hubiera servido hacer algo, si hubiera sido útil levantarme, pero la verdad es que aún no tengo una respuesta sincera. Supongo que lo queda será compadecernos, como es usual en estos casos; y a los damnificados, igualmente, les tocará decir lo de siempre: “No nos queda más que llorar”.

 

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Lodo en los ojos - La Prensa Grafica - Noticias de El Salvador

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